Hablar con desconocidos mejora nuestra salud mental

Si has vuelto a casa con la sensación de que tenías que haber hablado con esa atractiva persona con la que te has cruzado… ¡Tenías razón! No vuelvas a dejar pasar una oportunidad como esa.

Icono de fecha 24 Ago 2017 Icono de autor Ana Villarrubia
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Ya lo apuntaba la filosofía y es una evidencia para la psicología. Somos animales sociales y es precisamente en las interacciones con los demás donde se esconden la inmensa mayoría de nuestras alegrías, y también de nuestras penas.

Sabemos que rodearnos de otras personas, especialmente de personas queridas, facilita el desahogo emocional, alivia sentimientos angustiantes, ayuda a poner en perspectiva y resolver los problemas, y nos ofrece nuevos puntos de vista. Todo son ventajas, porque las mayores satisfacciones son compartidas. Y a pesar de que los demás nos dan también los mayores disgustos, no estamos dispuestos a renunciar a todo lo que pueden aportaros para hacernos la vida más agradable.

Prueba a dejar tu móvil de lado y hablar con la gente en el metro
Prueba a dejar tu móvil de lado y hablar con la gente en el metro

Hasta aquí nada nuevo bajo el sol. Siempre se ha sabido que nos gusta y nos agrada compartir tiempo y vivencias con las personas a las que queremos. En cierto modo, suelen ser ellos quienes le dan sentido a nuestra vida, y quienes conforman la red en la que nos sostenemos cuando las cosas no marchan tan bien como quisiéramos. ¿Qué ventaja tiene entonces hablar con desconocidos? ¿No es ya suficientemente difícil, con los horarios que tenemos, cuidar y mantener las relaciones que ya tenemos establecidas?

No hables con desconocidos y no cojas nada que te den por la calle”. No encuentro motivo para desconfiar de la segunda parte de ese consejo materno tantas veces repetido. Sin embargo: ¡Desobedece a la primera de esas premisas! ¿Para qué hablar con desconocidos si para eso ya están nuestro amigos? Al desconocido, de hecho, se le ignora. No hay más que vernos cada mañana en el vagón del metro de camino al trabajo, ensimismados en nuestros artilugios tecnológicos y sin levantar la cabeza. Pues resulta que con ello nos estamos privando de una gran fuente de incentivo, de motivación y de refuerzo. Veamos por qué hablar con personas desconocidas es beneficioso para nuestra salud psicológica.

Con gente que no conocemos somos más educados y respetuosos
Con gente que no conocemos somos más educados y respetuosos

Cuando hablamos con alguien con quien tenemos confianza nos sentimos en familia y damos rienda suelta a muchas de nuestras más inconfesables conductas. Nos enrabietamos, somos impulsivos y podemos llegar a salirnos de nuestras casillas. Hablar con un desconocido, en cambio, conlleva otro tipo de formalismos. Implica el respeto de normas de convivencia básicas: con alguien que no conocemos, somos más educados, más respetuosos y mucho más cautos. Podría decirse que, en momentos de intensidad emocional, somos más amables y agradables con los desconocidos que con aquellos con quien ya tenemos confianza.

Por eso, hablar con descocidos actúa a modo de interruptor emocional. Nos ayuda a tomar la distancia emocional suficiente como para autorregular nuestro estado de ánimo y adecuarlo más a la objetividad de lo que nos ha ocurrido. Además, sólo con comportarnos de forma más serena y agradable, tenemos también la experiencia de sentirnos mejor en el corto plazo.

¿Por qué perderte conocer a alguien interesante en cualquier lugar?
¿Por qué perderte conocer a alguien interesante en cualquier lugar?

Y no es esta la única ventaja que tiene establecer una conversación con un desconocido. ¿Alguna vez has charlado con un vecino de tu barrio, con un compañero de cola de supermercado, con el dueño de un perro o con otro pasajero de un vagón de metro? Juliana Schroeder y Nicholas Epley, dos investigadores de una de las 10 universidades mas prestigiosas del mundo, la de Chicago, analizaron este fenómeno (cuyos resultados fueron publicados inicialmente en la revista Science of Us).

Asignaron aleatoriamente a unas cuantas personas a tres grupos que recibieron consignas diferentes, todas ellas dirigiéndose en tren a su puesto de trabajo. A los primeros se les pidió que iniciaran y mantuvieran una conversación con cualquier desconocido que se sentase a su lado; a los segundos, que disfrutaran de su soledad y no hablasen con nadie, y a los últimos, que se comportaran exactamente igual que solían hacerlo cuando cogían el tren.

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Experimento entre desconocidos. La confianza no tarda en llegar

¿Imaginas qué fue lo que ocurrió? Los investigadores se sorprendieron gratamente. Quienes habían iniciado conversaciones con desconocidos se sentían notablemente mejor al abandonar el tren. Se percibían más satisfechos, incluso decían estar más felices y valoraban más positivamente su trayecto. De hecho, estas sensaciones se multiplicaban de manera proporcional al tiempo de duración de esa conversación con un desconocido. A mayor tiempo de conversación, mayor bienestar.

Resulta que, indirectamente, hablar con personas desconocidas nos proporciona arraigo social, nos hace sentir hábiles y valiosos. No en vano, toda interacción social es una oportunidad para sentirse escuchado, atendido, importante para el otro; además de que es una ocasión única para entrenar y mejorar nuestras habilidades sociales.

Lánzate, no te cortes si alguien te resulta atractivo. ¿Vas a perderlo de vista para siempre por miedo?
Lánzate, no te cortes si alguien te resulta atractivo. ¿Vas a perderlo de vista para siempre por miedo?

En cambio, las personas que no interactuaron con nadie en su viaje de tren no calificaban positivamente el trayecto y se bajaban en su destino con el mismo ánimo con el que se habían subido. Nada había cambiado, habían desaprovechado una gran oportunidad. Entre quienes hicieron lo que habitualmente solían hacer, fueron mayoría los que no hablaron con nadie. Sin embargo, los pocos que se decidieron espontáneamente a charlar con sus compañeros de vagón, también experimentaron las consecuencias beneficiosas de establecer una conversación espontánea con alguien hasta entonces extraño.

Tenemos la idea, generalmente basada en una distorsión (y fruto de nuestra inseguridad), de que los demás van a rechazarnos, van a darnos una mala contestación o van a molestarse por nuestra intromisión. ¿Es así como sueles responder tú cuando alguien te para por la calle para hacerte una consulta o cuando alguien te habla en la cola de la panadería? ‘No’ suele ser la respuesta más habitual. Incluso, aunque es posible que nos reciban con desgana, ¿no merece la pena intentarlo?

A veces nos cerramos a gente desconocida por miedo al rechazo
A veces nos cerramos a gente desconocida por miedo al rechazo

Siempre podemos disculparnos y alejarnos por donde hemos venido. Lo cierto es que el riesgo cero, en cualquier relación humana, no existe. Sin embargo, la realidad nos demuestra que la mayor parte de las veces no sólo no ocurre eso que tanto tememos, sino que se produce el fenómeno opuesto. Es una verdadera lástima porque por miedo nos perdamos la ocasión de conocer a gente interesante que, posiblemente, no volvamos a tener ocasión de cruzarnos.

Mi experiencia cotidiana -y la de las personas que me hacen partícipe de su confidencias en la intimidad de mi consulta- me demuestra lo mismo: cuando no intercambiamos una palabra con ese enigmático desconocido que tanto nos ha atraído, volvemos a casa sumidos en el arrepentimiento y la frustración.

En cualquier lugar puedes conocer a alguien interesante. No te cierres
En cualquier lugar puedes conocer a alguien interesante. No te cierres

Los neoyorkinos son, del conjunto de Norteamérica, los ciudadanos más infelices. Se dice también que son los que más tienden a vivir aislados en su burbuja, los menos solidarios y los menos concernidos por las personas que les rodean. De ahí que Nueva York sea también una de las únicas ciudades del mundo en la que cualquier celebrity siente que puede vivir tranquila y pasar desapercibida. Quizá la clave de esa insatisfacción ciudadana resida también en este punto. No se puede tener todo.

Esta es la bicicleta de las baby celebrities
La ginebra más chic es rosa y sabe a fresa