#CloseTo Los Vivancos: “Soñamos con bailar con Madonna y en la luna”

Son seis sobre el escenario pero 40 en la vida real. Hoy charlamos de cerca con los hermanos y artistas, Los Vivancos.

31 Oct 2017 Amalia Enríquez

Describir su espectáculo no es nada fácil. Y ese misterio crea curiosidad. Lo suyo es diferente a todo lo demás que se pueda ver sobre un escenario. Ellos lo definen como “fusión extrema” y es la expresión estética de un abanico de habilidades artísticas que no sacian una capacidad de sorpresa que resulta adictiva. Hijos de un padre que ha sido su referencia desde niños, siempre tuvieron muy claro que lo suyo era “jugar a ser artistas”. Alternaron los libros con los instrumentos musicales, la danza, la gimnasia artística/deportiva y las artes marciales. Con el patrimonio de esas habilidades, decidieron explorar nuevos horizontes y se dieron cuenta de que estaban destinados a ver la vida desde la altura de un escenario…

The Luxonomist: Creo que es la entrevista con más integrantes de toda mi carrera. Espero que no resulte difícil recordar con vosotros, que es de los que se trata…
Los Vivancos: ¿Nos vas a hacer sacar “los trapos sucios” de los orígenes? (risas).

TL: Ni mucho menos. Sois vuestros propios censores, así que contareis lo que creáis que debe saberse…
LV: Vamos a ello entonces.

Elías respira tres veces antes de bailar y Judah necesita que el humo del espectáculo sea perfecto

TL: La última vez que os vi recuerdo que erais siete. ¿Ha habido deserción?
LV: Ha habido una baja. Nuestro hermano más joven ha querido tomarse su tiempo para temas personales. Tenía ganas de hacer otras cosas y la gira nos requiere tantísima dedicación, que era imposible compatibilizar ambas opciones.

TL: El más pequeño de todos y con menos aguante…
LV: (risas) Así es. Los mayores aguantamos mejor el tirón.

TL: Seis hermanos, hijos del mismo padre y de diferente madre…
LV: Nuestro padre era un genio, no solo por el número de hijos sino por otras muchas cosas. Era un adelantado a su tiempo en muchos aspectos. Ha sido siempre una inspiración para nosotros.

Aaron comprueba las pilas antes de cada show y Cristo se pone primero su zapato izquierdo

TL: ¿Qué diferencia de edad hay entre el mayor de vosotros y el pequeño?
LV: Unos seis años.

TL: Así que siempre habéis convivido en el tiempo…
LV: Sí, sí. Siempre hemos vivido juntos.

TL: ¿Cómo ha sido esa infancia en armonía?
LV: Somos cuarenta hermanos y, sinceramente, recordamos nuestra infancia como una etapa muy bonita. La pasamos haciendo artes marciales, danza, música, circo… Un sueño hecho realidad para cualquier niño. Nuestro padre priorizaba siempre el tema artístico, sin olvidar los estudios, pero tampoco los juegos. Desde el inicio, los cuarenta hermanos nos centramos en el arte, pero luego nos dedicamos a él solo nosotros. A medida que íbamos creciendo, cada uno fue tomando el camino que quiso. El nuestro fue este.

Israel y Josua dicen no tener manías antes de salir al escenario

TL: Así que, cuando dijisteis en casa eso de “papá, mamá quiero ser artista”, no fue un drama…
LV: (risas) Más bien todo lo contrario. Al principio se valoró la idea de montar un circo, después una orquesta… Muchas locuras.

TL: ¿Tenéis la sensación de haberos perdido etapas importantes de la niñez? Porque vuestra elección requiere mucha disciplina desde pequeño…
LV: Tenemos la ventaja de que no nos ha gustado mucho nunca salir de noche, por ejemplo, así que en ese aspecto no ha habido carencias. No hemos vivido la edad del pavo, así que no salimos mucho de juergas nocturnas. Tal vez por eso no las echamos en falta. Tuvimos una vida diferente”.

TL: ¿Cómo fue vuestra infancia?
LV: Más apartada del mundo en general. Nuestro padre creó una escuela artística y, desde pequeños, crecimos en ese entorno. La pedagogía que él utilizo es la que ahora se está empezando a conocer más. Está basada en la importancia que tienen en la educación de los niños, la danza, la música y las actividades diarias. Se da mucha importancia a que un niño de 6 años, por ejemplo, aprenda a leer y practique todos los días. Sin embargo, la danza la tiene como actividad un día a la semana. Mi padre decía que es tan importante para un niño que conozca su cuerpo y aprenda a moverse, como que conozca su intelecto. La creatividad es muy importante para desarrollarse.

Además de bailar, todos tocan algún instrumento

TL: Yo creo que no hay todavía una normalidad social para los “Billy Elliot”.
LV: Es verdad. Todavía hay muchos sitios en los que no está bien visto, incluso en España. Lo notamos mucho. En Estados Unidos o Inglaterra está mucho mejor visto ser artista. La mayoría de la gente no lo considera algo serio, hay mucho prejuicio. Un día, en una entrevista, estábamos hablando de las diferentes profesiones de los hermanos, si todos eran artistas. Entonces comentamos que uno es ingeniero, otro mecánico… y la periodista apuntilló un “menos mal que, entre los hermanos, hay alguno con profesiones serias”. En radio y en directo. No tuvimos la agilidad mental de repentizar una respuesta y nos callamos pero, si una persona que trabaja en un medio de comunicación considera que no es seria la cultura, mal vamos.

TL: Lo importante es que vosotros os sintáis bien en vuestra piel. Hay que relativizar esos comentarios, ¿no?
LV: Claro, por supuesto. Tal vez por eso estamos muy orgullosos de la educación que recibimos, porque potenció mucho esa parte, que se equilibró con la intelectual y la sometimos a una disciplina muy fuerte, pero era como un juego para nosotros. Todos hemos amado la danza porque consiguió equilibrar el rigor de la disciplina con la variante de un juego. Si un niño aprende a tocar un instrumento musical, se desarrolla intelectualmente mucho más rápido que un niño que solamente estudia.

TL: ¿Os sentisteis desplazados del entorno en algún momento?
LV: Para nada, nos sentíamos privilegiados al poder estudiar tantas cosas y tantas disciplinas del arte.

Así se hizo el selfie de la portada

TL: Tocáis muchos y diferentes instrumentos… ¿cómo fue el reparto de habilidades?
LV: (risas) Por gustos, pero fue muy bonito. Un día, nuestro padre nos trajo un montón de instrumentos, unos 20 ó 30. Nos puso en una sala violines, flautas, guitarras, chelos, trombones, contrabajos… y nos pusimos a probarlos uno a uno para ver cuál nos gustaba más. La verdad es que cuando le veíamos a él tocar uno, queríamos el mismo. Todos hemos tocado varios instrumentos y, al final, hemos elegido aquel con el que nos sentimos más a gusto.

TL: Y percibo que, en ningún momento, os habéis arrepentido de haber elegido este camino…
LV: No, para nada. Arrepentirse no. Es verdad que ha habido momentos en la vida un poco difíciles, porque te das cuenta de que todo esto es muy complicado. Cuando empezamos éramos muy jóvenes y no teníamos nada, empezamos de cero. Nos dimos cuenta de que nos chocaba el poco respeto que la gente le tenía al arte, poco apoyo pero, al final, nunca nos arrepentimos.

TL: ¿Lo mejor ha venido cuando dejasteis de depender de alguien y decidisteis “volar juntos”?
LV: Hemos tenido mucha suerte, dentro del trabajo que ha habido, al decidir y saber formar nuestro propio grupo. Dedicarte a la danza dependiendo de otras compañías es muy difícil porque vives en una perpetua audición. Tenemos compañeros de conservatorio que han estado en nuestra misma clase y que no consiguen arrancar. Es muy complicado.

Sueñan con bailar en la luna algún día

TL: Y en esta travesía, ¿qué ha sido lo mejor?
LV: Creemos que el estar aquí todavía. Haber iniciado este proyecto juntos y estar ahora con la misma ilusión y las mismas ganas que al inicio. En estos diez años, desde que creamos nuestra propia compañía, hemos vivido muchas cosas buenas. Hemos viajado a países que nunca imaginamos y nos sentimos muy privilegiados de haber podido llegar a ellos y conocer su modo de vida y sus diferentes culturas. Pero lo mejor de todo ha sido poder cumplir el sueño que teníamos de crear nuestra compañía. Desde pequeños teníamos la ilusión de hacer algo juntos. No ha sido un camino de rosas, pero hemos logrado superar los inconvenientes.

TL: ¿Cuántos juegos malabares tenéis que hacer para compatibilizar trabajo y vida personal?
LV: Al principio nos decían que conseguir el equilibrio entre el trabajo y la familia era imposible, que nunca lo íbamos a lograr. Lo mismo que novias, con hermanos y trabajo o con la llegada de los hijos. Con todas esas dificultades, el hecho de compartir escenario y de seguir unidos, nos hace sentir muy orgullosos.

TL: No me resisto a preguntaros por el momento peleas…
LV: Todos los días (risas). Estamos siempre en modo alerta. Somos hermanos, nos conocemos muy bien pero también somos todos muy distintos. Es inevitable que surjan las discrepancias, pero todos tenemos la misma meta y al final nos entendemos. Hace mucho tiempo que no tenemos un follón gordo, tal vez porque aprendemos a no chocar porque eso nos hace ir para atrás.

TL: Que hagáis todos de todo no debe ser fácil a la hora de consensuar.
LV: No lo es. Todos coreografiamos y, en esa parte artística, antes chocábamos mucho más que ahora. Que “si yo quiero este paso aquí” o “yo quiero estar en el centro” eran motivos de debate tenso.

TL: El momento vanidad…
LV: Claro, lo hay (risas). Hay veces que no podemos estar todos en un ensayo, por ejemplo. Si llegas después de que hayan montado un número y te das cuenta de que te han situado detrás en una esquina… ¡pues ya la hemos liado! Si no andas listo en estas situaciones, te quitan de en medio (risas). Pasa alguna vez.

TL: ¿Y la veteranía no es un grado en estos casos?
LV: No, para nada. Digamos que ya somos todos “perros viejos”. Sin embargo, al margen de todo esto, la parte más complicada de conciliar ha sido la económica. Nosotros llevamos todas las cuentas y eso de hablar de dinero entre hermanos, por muy bien que te lleves, genera peleas. Y las hemos tenido.

Dicen que han discutido incluso por mujeres, pero que han superado todos los contratiempos

TL: ¿Os han engañado antes de que tomarais las riendas?
LV: Rotundamente sí. Muchas veces. No es que nos hayamos sentido engañados, es que nos han engañado en varias ocasiones, por eso llevamos las cuentas nosotros ahora. Cuando hemos delegado en alguien, la cosa acabó mal. Ahora estamos más tranquilos en ese sentido.

TL: ¿A qué sabe el reconocimiento?
LV: Hay dos tipos de reconocimiento: el que te dan y el que realmente te mereces. No está mal saber que te valoran, pero no te hace más feliz ni te sientes diferente. Lo importante es el camino que recorres, no las metas. Cuando dejemos de bailar tendremos que seguir siendo felices. Nos sentimos muy realizados por el hecho de que podemos vivir de nuestra compañía, somos más felices ahora que cuando trabajábamos con otras personas.

TL: ¿Cómo fue ese momento en el que visteis vuestro nombre en lo alto de un teatro?
LV: Fíjate. Hace unos años, cuando vimos el cartel de Joaquín Cortés en un espectáculo, pensábamos lo que debería haber sentido al encontrarse frente a él. Nosotros, cuando vimos el primero nuestro, después de mucho tiempo de esfuerzo y de lucha, pensamos en lo mucho que nos había costado, en que habíamos pagado nosotros el cartel, el teatro, el espectáculo. Piensas en eso, pero también hay un punto de orgullo, sin duda.

Los seis hermanos junto a nuestra compañera Amalia Enríquez

TL: Y supongo que la sensación del trabajo bien hecho…
LV: Lo más gratificante es cuando estás en el escenario, lo das todo y ves a la gente entregada. En ese momento, con tus hermanos al lado, te das cuenta de que todos los ensayos, los sacrificios, los viajes y las ausencias tienen su recompensa. Eso sí que produce satisfacción. También es verdad que nosotros no somos nada divos, somos artistas y ya está. Somos gente normal.

TL: Muero por que me contéis cómo era un desayuno, comida o cena en familia…
LV: (risas) ¡Imagínate lo que era controlar a cuarenta! Mitad chicos y mitad chicas. Al grito de ¡a comer! allí íbamos todos y, si te rezagabas, igual ya no encontrabas nada. Había comida para todos, pero si llegabas tarde y alguno había repetido, te encontrabas sin tu parte. Nos ponían por orden de edades. Cada uno tenía su sitio y había una hora exacta para comer. Si no venías, no comías.

TL: Esos niños felices, ¿iban al cine?
LV: Teníamos una tele en casa y nos dejaban verla una hora al día, que invertíamos viendo dibujos animados y documentales.

‘La guerra de las galaxias’ fue una de las películas que les marcaron

TL: Mucha disciplina en vuestra casa..
LV: Sí, bastante Nuestro padre decía que la televisión era una caja tonta que te hacía perder mucho el tiempo. Como vivíamos en un lugar precioso de Canadá, entre montañas, siempre nos decía que nos fuéramos a jugar y disfrutar de la naturaleza.

TL: ¿Ahora hacéis lo mismo con vuestros hijos?
LV: ¡Que va! Es mucho más complicado ahora. Los niños son de la generación del iPad. No olvidamos nuestra infancia y lo enriquecedora que fue, pero es inviable trasladarla a la actualidad. Nuestra infancia fue más sana y valorabas más lo que conseguías. Nos entreteníamos con las canicas, las chapas, el trompo… Hoy las niñas prefieren una app con muñecas que una física (risas). Hay que tener cuidado con la tecnología.

TL: ¿Recordáis la primera película que visteis en el cine?
LV: Síiiiiii, ‘Baby, el dinosaurio’. Luego ya vinieron ‘El libro de la selva’ y ‘La guerra de las galaxias’, de la que salí traumatizado (comenta Elías) por el tema de los extraterrestres. Era un poco pequeño.

El Principito es una de las obras recomendadas por los hermanos

TL: ¿Y de lecturas cómo andamos?
LV: (Elías) Yo leí un montón, era super fan de todo lo de ‘Los Cinco’, ‘Los 7 secretos’, Ágatha Christie… Mis hermanos leían muchos cómics. ‘Mortadelo’, ‘Superlópez’.. pero eran más de salir a correr y a jugar.

TL: ¿Libros imprescindibles?
LV: ‘El Principito’, ‘Padre rico, padre pobre’ y ‘El hombre duplicado’ de Saramago.

TL: ¿Manías, rituales o supersticiones antes de salir al escenario?
LV: Muchas manías técnicas. Cuando llegamos al teatro, tiene que estar todo perfecto. El escenario tiene que tener seis marcas y, luego, cada uno tiene ya sus cosas.
(Judah) Por ejemplo, yo soy un maniático del humo. Si está mal, me mosquea mucho.
(Elías) a mí me gusta estar dos horas antes para poder estirar bien los músculos y concentrarme. Y antes de bailar, respiro tres veces.
(Cristo) Yo me pongo siempre primero el zapato del pie izquierdo, pero porque soy zurdo, no por nada especial.
(Josua) Yo nada, soy como Roger Federer. No tengo ninguna manía.
(Aaron) Las pilas tienen que estar perfectas y ducharme antes del show.
(Israel) Yo no tengo ninguna (risas).
(Todos) ¿Seguro? (dicen a coro) No lo va a reconocer, pero el pelo es su manía. Tiene que estar el flequillo levantado y perfecto (risas).

Bailar con Madonna es uno de sus sueños

TL: ¿En el mejor de vuestros sueños imaginasteis esto?
LV: En el mejor imaginábamos llenar estadios. Aún estamos en ello, aunque colaboramos a veces con otros artistas que los completan. Luego hay cosas que hemos conseguido que no nos imaginábamos y otras que soñamos que seguro llegarán. Nuestro sueño es bailar en la luna y estamos dispuestos a hablar con Branson para ver si nos pone los medios. Asignaturas pendientes tenemos unas cuantas, entre ellas, bailar con Madonna.

TL: ¿Qué pensarían esos niños, que vivían en las montañas de Canadá, en los hombres que os habéis convertido?
LV: De pequeños nos imaginábamos de mayores con bigote (risas) porque nuestro padre siempre lo llevaba. Cuando nos lanzamos a hacer la carrera fue cuando él falleció. Siempre habíamos pensado que nos vería triunfar y que conocería a nuestros hijos. Habernos sobrepuesto a los obstáculos que nos hemos encontrado en el camino, nos hace sentir orgullosos. Nos duelen las peleas que ha habido entre nosotros (de las que hemos salido bastante bien). Ya nos advirtieron que, si de pequeños nos peleábamos por un juguete, de mayores lo haríamos por dinero. Y también hemos discutido por mujeres. Creo que los seis niños se sentirían orgullosos de nosotros por haber superado todos los contratiempos y seguir juntos, respetándonos y queriéndonos.

*Localización: Gran Meliá Palacio de los Duques. *Próxima semana: Mar Saura.

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