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Viajes perrunos. San Francisco

Terminamos una ruta de casi 2.500 kilómetros desde Phoenix (Arizona). No te pierdas esta guía de una de las ciudades más increíbles de California en Estados Unidos.

Sebastián Puig Soler. 13/01/2016

Todo llega a su fin, y los viajes soñados también. Tras casi 2.500 kilómetros recorridos desde que salimos de Phoenix (Arizona) camino del Gran Cañón, lugar de maravilla, para continuar quemando asfalto carretera abajo hacia Las Vegas, siguiendo después hasta Los Ángeles y enfilando la costa californiana por El Camino Real, llegamos a nuestro punto de destino: la bellísima San Francisco, culminación de un periplo lleno de contrastes, imágenes, olores, sabores y experiencias que recordar.

San Francisco es un lugar especial para terminar el viaje
San Francisco es un lugar ideal para terminar cualquier viaje

Es lo que tiene la enormidad de Estados Unidos: uno siempre puede ir más allá del trillado camino, descubrir parajes recónditos y aun así poblados por cuasi pioneros, sumergirse en la vorágine de insomnes megalópolis o acabar perdido en la inmensidad de bosques extensos como pequeños países. Lo dijimos al principio del viaje: aquí las distancias se expanden y el tiempo se solidifica con el espacio.

El Golden Gate, una imagen que no puedes perderte en San Francisco
El Golden Gate, una imagen que no puedes perderte en San Francisco

San Francisco es un lugar ideal para finalizar cualquier viaje. En este sentido, hace honor a su historia de ciudad de pioneros, desde su fundación por colonos españoles en 1776, con la construcción de un fuerte en lo que hoy es el Golden Gate y de una misión llamada así en honor de Francisco de Asís.

Destino final de aventureros y buscadores de oro, patria de decenas de miles de trabajadores chinos del ferrocarril (cuyos descendientes constituyen hoy un quinto de la población), foco de inmigrantes de dentro y fuera del país. Urbe superviviente de un trágico terremoto e incendio; crisol de culturas y movimientos contraculturales, San Francisco siempre ha destacado por su carácter abierto y tolerante. Un espíritu que se respira en cada recoveco y envuelve al viajero desde el minuto cero.

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En el barrio de Fishermans Wharf se puede disfrutar de muy buen marisco

Hay mucho que ver y mucho que recorrer, aunque les advierto: los mapas son muy engañosos aquí, representaciones planas de una ciudad famosa por su relieve (Las Siete Colinas de San Francisco’ reza la leyenda, aunque sean más de 40), preñada de cuestas imposibles, empinadísimas, algunas de ellas con más del 30% de pendiente. Así, ocurre a menudo que el camino más sencillo entre dos puntos del plano no es la línea recta, a no ser que quieran graduarse en escalada, como deja bien patente la mil veces retratada Lombard Street.

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Lombard Street es uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad

De ahí que contar con ayuda motorizada resulte imprescindible, ya sea conduciendo nuestro propio vehículo (fantástica experiencia) o en transporte público, empezando por los venerables tranvías de las líneas Powel-Mason y Powell-Hyde, orgullosos supervivientes de lo que en su día fue una red de cable cars mucho más grande. Merece la pena esperar para subirse a uno de ellos y viajar colgado en sus estribos, asomados a la calle, cuesta arriba o cuesta abajo. Sí, como en las películas. Gozando como niños.

Aparcando en San Francisco en Lombard Street
Aparcando en San Francisco… ¡Toda una aventura!

Dediquen una mañana a visitar el San Francisco Maritime National Historic Park, a pie de bahía en el Hyde Street Peer, la mejor manera de experimentar lo que era la bulliciosa vida comercial marítima de la ciudad en el siglo XIX. Un muelle real y buques reales conservados como solo los anglosajones son capaces de hacer, desde el espléndido mercante Balclutha (1886), pasando por el ferry Eureka (1890) y otros buques de época de menor tamaño. Una parada obligatoria para los amantes del mar y de la historia.

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El tranvía es uno de los medios de transporte más míticos de San Francisco

Después, nada mejor que caminar por el colorido y bullicioso Fishermans Wharf y su emblemático muelle 39. Un lugar perfecto para comer (pescado y marisco es lo recomendable), contemplar la vidorra de los leones marinos y zascandilear por los establecimientos. Continuando con el paseo (a pie o en tranvía) se llega al muelle 33, punto de partida de los ferris que nos conducirán a otra visita casi obligada: Alcatraz.

Lombard Street
Lombard Street, la muestra más clara de las cuestas de San Francisco

Es muy importante que reserven el tour a la impresionante isla y cárcel con semanas de antelación a su llegada a San Francisco, de lo contrario sólo podrán verla desde lejos, en un bonito recorrido que también navega por debajo del Golden Gate. Otro consejo: vayan bien abrigados y con paraguas, incluso en verano. En San Francisco SIEMPRE refresca, llueve a menudo y una chaqueta resulta imprescindible. Chaquetón gordo, gorro y guantes en otoño e invierno y, si me apuran, hasta en primavera.

Acuérdate de reservar antes de ir para poder visitar Alcatraz
Acuérdate de reservar antes de ir para poder visitar Alcatraz

Desde el Fishermans Wharf y partiendo de la plaza Ghirardelli (donde se ubica la antigua fábrica de chocolate y museo del mismo nombre), el viejo tranvía de la línea Powel-Hyde (de norte a sur) les llevará a través de la ciudad hasta la zona más comercial y populosa de San Francisco, Union Square y sus alrededores. Con un pase diario pueden (y deben) subirse y bajarse del tranvía las veces que quieran. A mitad del trayecto se encuentra Chinatown (el más grande de Estados Unidos), verdadero reducto asiático en Occidente y un deleite para curiosos. Transversalmente al barrio chino, un poco más arriba de su puerta de entrada, en la calle California, otro precioso tranvía recorre la ciudad de este a oeste. Mi recomendación: piérdanse.

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Entrada a Chinatown en San Francisco

Por supuesto, no dejen de cruzar el Golden Gate, ya sea en coche, en bicicleta o incluso a pie. El mejor lugar para fotografiar el puente es desde las antiguas Baterías de Tiro Spencer, exactamente donde se tomó la imagen que aparece en este artículo. Más allá del Golden Gate, a unos 12 kilómetros, se encuentra el precioso bosque de secuoyas gigantes de Muir Woods, en medio de un paisaje vegetal casi élfico. El visitante puede caminar por más de seis kilómetros de senderos de diversa dificultad, admirando los imponentes árboles, que pueden alcanzar 150 metros de altura, 7 metros de diámetro y con una antigüedad media de 800 a 900 años.

San Francisco, una ciudad de contrastes
San Francisco, una ciudad de contrastes

El bosque tiene muchos visitantes, pero incluso así, el paseo se hace en un silencio casi reverencial, en justo honor a sus honorables residentes. Después de abandonar Muir Woods, pueden acercarse a la turística Sausalito. Cervecita y refrigerio, qué mejor descanso para el viajero. Ya de regreso a San Francisco, pierdan unos minutos y contemplen el atardecer desde las colinas de Twin Peaks (nota: nada que ver con la serie de David Lynch). La zona residencial es bonita y las vistas de la ciudad resultan inmejorables.

Los gigantes de Muir Woods. Todo un espectáculo
Los gigantes de Muir Woods. Todo un espectáculo

En fin, podría estarles escribiendo sin descanso sobre este incomparable lugar. La oferta hotelera es abundante y de calidad aceptable para todos los precios (caros para el estándar europeo). Pueden ustedes alojarse en verdaderos monumentos como el fantástico Palace Hotel (1875), primer establecimiento de gran lujo de la ciudad y en su momento el más grande del mundo, que sigue en plena forma. Si viajan con mascotas, recomiendo el coqueto, moderno y muy bien ubicado Hotel Argonaut, que será la delicia de nuestro animal.

Hotel Argonaut. Haz clic aquí para reservar
Hotel Argonaut. Haz clic aquí para reservar

Y si por casualidad llevan tiempo fuera de España y sienten nostalgia de los sabores patrios, no dejen de cenar en el encantador Restaurante Alegrías de Lombard Street, una muy agradable sorpresa que encontramos por casualidad. Este es precisamente el encanto de San Francisco, tan llena de detalles por descubrir, rincones que curiosear y calles en las que poder elevar nuestros sueños o, por el contrario, dejar discurrir nuestras urgencias cuesta abajo. Si pueden, no se la pierdan.

Las etapas de este fantástico viaje, paso a paso
Las etapas de este fantástico viaje, paso a paso

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