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Y tú… ¿Controlas a tu «mono interior»?

Controlar la ira y no perder las formas en determinadas circunstancias es algo que se puede aprender y gestionar. Te contamos cómo.

Noemy Suárez. 25/10/2016

Bien es sabido por todos nosotros que cada uno tenemos nuestro «genio», el cual dejamos salir dependiendo de las circunstancias de cada momento… A mí me gusta llamarlo mi «mono interior», ese que se nos revoluciona ante circunstancias cotidianas y saca nuestros instintos más primarios, el animal que llevamos dentro y el cual nos controla momentáneamente, haciendo en esa situación un verdadero «simio» de nosotros.

Da igual la educación que hayamos recibido, las carreras que hayamos cursado, los masters, los idiomas, el estatus social, nuestro puesto laboral o cuanto hayamos leído o viajado… el «mono» nos controla a nosotros, haciéndonos tener salidas de tono que no solo perjudican nuestra «imagen» ante los demás, sino que dañan nuestro interior, haciéndonos sentir culpables y con mal sabor de boca de muchas reacciones que hemos tenido fuera de lugar en algún momento…

Monos
El sentimiento de culpa ha evolucionado con los años

¿Cuántos de vosotros no ha sido controlado por su «mono» teniendo que recular más tarde y pedir perdón hasta la saciedad, no por no llevar razón, sino por haberlo hecho de malas maneras ? Esto en los «monos» mas evolucionados nos hace tener mala conciencia y «recular» ante semejante acto y ya en los «homo sapiens», en la parte más humana nuestra, hace que dicho sentimiento de culpa nos haga pedir perdón, rectificar y decir 20 veces «lo siento» a la persona afectada… tirando por tierra, a los ojos ajenos, el 80% de nuestras buenas acciones, frente al 20% de descontrol del «mono».

Creo firmemente que cada uno de nosotros debe sacar el látigo del auto adiestramiento y empezar a controlar cada vez más a nuestro «mono interior»tomando conciencia en el momento que empieza a descontrolarse… Yo llevo más de 12 años intentando adiestrar a mi gran «simio», el cual salía a diario, y después de un arduo trabajo y muchas horas de entrenamiento parece que solo tengo un «titi» que sale en pocas ocasiones al día… aunque sí es verdad que muy de vez en cuando el «simio» se me revoluciona y se convierte en King Kong.

King Kong
Ante todo, no pierdas las formas

Y ¿ cómo lo haces ?… Bien, os voy a contar los pasos que sigo para el adiestramiento:

  • Ante una situación en la que lo que más te apetecería es un magnifico «¡vete a la mierda!» (y por favor, no os escandalicéis que todos lo pensamos)… intento contar hasta 10 internamente, mientras respiro profundo,llenando mis pulmones de aire y bajando hasta que se me infla la tripa… Aprovecho para hacer un hipopresivo con las abdominales y así le digo inconscientemente a mi «mono»: «¡Relájate, que esto lo controlo yo!»
  • Mientras respiro y se me queda cara de «no se que decir», de mujer rubia y tonta, pero nada más lejos de la realidad pues estoy pensando los argumentos precisos para utilizar pocas palabras pero contundentes, así como que herramientas de buena educación tengo a mi disposición… Mi «mono» se da cuenta que soy yo la que piensa, no él el que me domina.
Enfadada niña
La mirada de hielo se puede practicar desde muy pequeño
  • Intento adoptar una postura erguida y de seguridad en mi misma, vamos que me cuadro cual militar haciendo la instrucción.
  • Miro fijamente a los ojos con esa mirada de hielo que tanto he practicado en mi vida a través de mis innumerables clases de boxeo, en las cuales tienes al contrincante a menos de un directo para noquearte y tienes que intimidar hasta con las pestañas.
  • Empiezo a hablar lo más pausada que puedo, con voz firme pero sin elevarla,demostrándome a mi misma que puedo decir cualquier cosa de buenas maneras y parecerme más King Kong que si dejo salir a mi «simio».
  • Y de una manera sincera, clara, concisa, contundente y firme con un golpe verbal que te deja sin palabras. Eso sí, no me corto en decir las 4 cosas más grandes a una persona y sin despeinarme, pero siempre con respeto, educación y humor.
  • acabo con una gran sonrisa, enseñando todos mis dientes blanquitos y relucientes para que a la persona le quede muy, muy claro, que semejante humillación solo ha sido la parte buena que se está encontrando en frente, que solo esta viendo la punta de un iceberg que no sabe si fue el que hundió al Titanic.

Cuando he terminado de adiestrar en cada situación a mi «mono», en vez de sentirme mal conmigo misma y enfadada, con remordimientos y teniendo que invertir mucho más tiempo y energía disculpándome, tengo la satisfacción interna de haber hecho las cosas bien y en el momento adecuado, evitándome dañarme a mi misma, a mi autoestima y a mi imagen exterior con un sin fin de «lo siento» que ya no llevan a ninguna parte, más que a humillarte ti misma tirando por tierra tus razones.

Semaforo
Frenar y reflexionar para calmar la furia interior

Permitirme que os cuente una anécdota: Iba un día en el coche por el Paseo de la Castellana de Madrid con el hijo de una amiga que contaba 6-7 años; llevaba la ventanilla abierta, pues era primavera e íbamos jugando a algo distraídos. Paramos en un semáforo y a mi lado paró un Mercedes de alta gama con dos «señores» que, al intuir que yo iba sola, pues no debieron ver al niño, me dijeron varios «piropos» fuera de tono y lugar, intentando hacerse los graciosos…

Mi «mono» se revolucionó hasta tal punto que me hubiese encantado salir del coche en esos momentos, haberles sacado de la pechera y sin mediar palabra propinarles un buen par de hostias (permitirme la licencia)… ya no porque a mi me sentase mal, pues he de decir que, por desgracia, hay muchos «señores» carentes de clase y saber hacer que creen que así te hacen sentir bien… sino porque el niño lo escuchó todo y aunque no se enteró bien de lo que decían, no sabía bien si esos señores me conocían, eran mis amigos y por qué me decían esos «piropos».

El semáforo se abrió, arranqué con mi «mono» subido en el techo y me permití respirar profundo, contar hasta 20, la ocasión requería el doble de esfuerzo, mientras seguía jugando con el niño sin darle importancia al hecho ante sus ojos.

Bye
También hay que saber despedirse «amablemente»

En el siguiente semáforo se volvieron a parar a mi lado y no dejé pasar la ocasión de sonreírles y hacer el ademán de hablar con ellos, en ese momento sus caras de «hemos ligado» fue tan evidente que daban hasta lastima…

  • Perdón, ¿que modelo de coche es?
  • ¿Te gusta «bonita»?… es un Mercedes SL 500 AMG, cuando quieras te puedo dar una vuelta (obviamente su ego era mayor que su inteligencia).
  • Muchas gracias, caballero – con una gran sonrisa dibujada en mi cara, muy lentamente contesté – Era solo por saber la marca y modelo, la cual siempre pensé que significaba clase, prestigio y un cierto nivel económico (ellos sonrieron al ver su ego colmado)… pero ya veo que ha bajado mucho el nivel y ya se lo venden a cualquier nuevo rico con dinero, sin estudios ni educación… ¡Qué lastima, porque el coche tenía buen diseño y parece que buena potencia, esa que a ustedes, señores, les debe faltar en otros lares ! – Y acabé mi frase con la mejor de mis sonrisas.

En ese momento, el niño asomo la cabeza, se puso de pie y muy mono les dijo: «¡Adiós señores!» haciendo un gesto de saludo con la manita… Si lo llego a ensayar, no me sale mejor, eso sí me sentí mejor que nunca y espero que a ellos se les hayan quitado las ganas de volver a decir un «piropo» semejante a una mujer…

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