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San Petersburgo, sede del partido por el bronce

San Petersburgo será la sede de la final de consolación en el Mundial de Fútbol.

Abel Amón. 06/07/2018

Dados los fallos que experimentó la Selección Española de Fútbol los días previos al Mundial y su irregular paso por la primera fase, no albergaba yo muchas esperanzas de conseguir el título. Los en teoría sencillos cruces daban esperanzas por luchar por el tercer y cuarto puesto en San Petersburgo, contra Bélgica o Francia por ejemplo. Pero no ha podido ser. España se enfrentó a una muy floja selección rusa, al menos en ataque, aunque ordenada y fuerte físicamente en defensa.

Un par de errores, uno de Piqué y otro, más grave, de los que operan el manido VAR, condujeron a nuestro equipo a la tanda de penaltis, para la cual contábamos con un portero, David de Gea, en muy mala forma. En efecto, Igor Akinféev, el portero ruso fue el héroe de su país, volcado con su Mundial. También es destacable el papel de su entrenador, Stas Cherchésov, pues es imposible sacar tanto rendimiento a un equipo tan limitado. España está ya de vuelta a casa y el que ha podido ser el último encuentro para varios jugadores de una inolvidable generación (Iniesta, Piqué, Silva…) no ha podido ser más triste.

Una ciudad marcada por sus canales y su latitud

La Venecia del Norte
Por lo tanto, el partido por la medalla de bronce lo jugarán otros, como decía, en la impresionante ciudad del norte de Rusia, San Petersburgo. Ciudad muy nueva, de poco más de 400 años e inventada por Pedro el Grande. Afincada artificialmente en un difícil terreno en el que en el momento de su fundación, cada visitante debía llevar una piedra como mínimo para contribuir a su construcción. Esta auténtica puerta a Europa, creada por el altísimo zar (más de dos metros) que le permitió, por un lado defenderse contra las múltiples invasiones, y por otro, acercar a Rusia al continente ya que el Imperio había vivido siempre de espaldas a Europa.

Por lo tanto, el primer edificio construido en Peter (que es como se conoce popularmente a San Petersburgo), fue una fortaleza, la de San Pedro y San Pablo, en la que destaca su característica y elevada aguja. Desde allí, los turistas podrán caminar en estas fechas y contemplar las enormes bellezas arquitectónicas y sorprenderse de que a pesar de que son, por ejemplo, las doce de la noche, aún luce el sol, pues en verano la ciudad cuenta con largos días dada su elevada latitud.

El monumental Teatro Mariinsky

Las Noches Blancas
Las Noches Blancas es también el título de una novela de uno de los más destacados escritores rusos, Fedor Dostoyevsky. Y uno de los principales  personajes: Raskolnikov, de una de sus novelas clave Crimen y Castigo, vivía en las inmediaciones de la Plaza Sennaya (del Heno) un lugar fundamental en la geografía de la ciudad.

Es un lugar que se encuentra de camino entre el centro y el monumental Teatro Mariinsky, que ha visto recientemente ampliadas sus ya de por sí increíbles instalaciones. En dicha plaza recomendamos antes o después de ir al teatro un restaurante de la muy exquisita gastronomía  georgiana llamado Jochú Jarchó que además abre las 24 horas al día, una costumbre que tienen bastantes restaurantes rusos y que no deja de sorprender, por ejemplo, a los visitantes españoles.

El Hermitage es uno de los mejores museos del mundo

La Plaza Sennaya fue un también un lugar estratégico durante los 900 días de asedio al que las tropas nazis sometieron a la ciudad, sin conseguir su rendición. Una dieta a base 400 gramos de pan incompleto al día, temperaturas inferiores a 40 bajo cero sin posibilidad de calefacción, cientos de miles de muertos a los que se rinde tributo en la Plaza de la Victoria y en el impresionante Cementerio Memorial de Piskarioskoe. Está algo alejado del centro, pero merece la pena una visita al mismo para darse cuenta de las dimensiones (en forma de multitud de fosas comunes del tamaño de un campo de fútbol) donde los habitantes de la ciudad llevaban en trineos a sus seres queridos fallecidos.

Si se visita Peter hay que acudir sin falta a uno de los mejores museos del mundo, el Hermitage, que era el Palacio de Invierno de los zares. Dado el mucho espacio que requeriría hablar de semejante pinacoteca, me limitaré a recomendar la visita de las salas de Rembrandt y Matisse, que no tienen parangón.

Un enorme y vetusto estadio reconstruido
El partido por el bronce, junto con la semifinal entre  se disputará en el Zenit Arena, en la alejada isla de Krestovskoe. En su emplazamiento hace ya varias décadas las autoridades soviéticas construyeron uno de los estadios más grandes del mundo, el Kirov, con 110 mil asientos albergó algunos partidos de los Juegos Olímpicos de Moscú 1980, pero estaba mal diseñado era incómodo en todos los sentidos y se acabó cambiando por el actual, que una soberbia construcción en cuyos alrededores hay varios centros de esparcimiento y originales restaurantes como el Russkaya Ribalka (la pesca rusa), donde a los clientes se les invita a pescar su propio segundo plato. Aunque no asistan al partido, la zona del estadio merece realmente la pena, con magníficas vistas al mar Báltico.

Bulle Rusia y bulle San Petersburgo con el Mundial, en las inmediaciones del Hermitage se ha establecido una Fan Zone con enormes pantallas y multitud de actividades lúdicas. Cientos de miles de aficionados venidos de todo el mundo han podido apreciar todas las maravillas que ofrece Rusia, algunas como la herencia artística bien conocidas, otras menos, como la animación nocturna y la simpatía y hospitalidad de sus habitantes. Mucha seguridad, buena organización e increíble estado de ánimo de sus gentes por la sorprendente victoria contra España, que desean que no sea la última. Esperemos que todo ello le haga mejorar a Rusia en esos puntos negros como son la restricción de las libertades y la política exterior agresiva.


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