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#CloseTo Cristina Cifuentes: «Sé quién me la jugó y, por supuesto, que lo diré»

La ex-presidenta de la Comunidad de Madrid sabe perfectamente quién acabó traicionando su lealtad y los motivos por los que tuvo que abandonar apresuradamente la política.

Amalia Enríquez. 11/02/2020

Reconoce que siempre ha sido una persona bastante libre, a la que no le ha importado nunca decir lo que pensaba. Y ahora mucho más. Desde hace tiempo teníamos pendiente una conversación y, aunque las circunstancias la fueron demorando, conseguimos encontrar el momento. Sin censuras, sin límites. Pregunté lo que consideré oportuno, me dejé llevar por la charla y Cristina Cifuentes respondió lo que sentía. A estas alturas de su vida, ya poco le importa lo que puedan decir más de ella…

The Luxonomist: En cierta medida, nunca te ha inquietado mucho…
Cristina Cifuentes: Ahora ya no soy política, no estoy condicionada por nada ni por nadie y ya puedo dar mi opinión con más libertad, si cabe, de lo que ya lo hacía.

TL: Pocas veces te has callado…
CC: Nunca. Di siempre mi opinión, cuando no estaba en primera línea de la política y después también. Luego compruebas que hacerlo así te da muchos enemigos. En la política, la discrepancia interna no se lleva bien. Y creo que es una equivocación porque, en los partidos, no todo el mundo tiene que pensar lo mismo. Creo que es importante que haya debate, sobre todo en los problemas que preocupan a la gente.

TL: ¿Eso te permite conciliar mejor el sueño?
CC: Créeme Amalia que yo duermo muy tranquila.

TL: Eso invita a la calma. Dejar pasar el tiempo y medir los tempos acaba siendo beneficioso…
CC: En el último año y medio he procurado estar un poco alejada de todo el foco mediático ¡Bastante me ponían sin quererlo! Dejar que discurra el tiempo es beneficioso, curativo y permite ver las cosas con mucha más objetividad. Ahora soy una mujer, en cierta medida, distinta a la de tiempo atrás. Una de las cosas que más me “preocupa”, cuando voy a un medio de comunicación a dar mi opinión sobre algo, es que piensen que voy buscando algún ajuste de cuentas contra nadie, porque ese no es mi objetivo para nada.

 

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TL: No deja de ser, por otra parte, un derecho de defensa que tenemos todos…
CC: Lo sé, pero no va con mi forma de ser. Tendría que volver a nacer para hacerlo así, es incompatible con mi forma de ser. En la vida siempre hay que mirar hacia adelante. Si te recreas mirando atrás, se te pasa el tiempo de disfrutar lo que ahora tienes. Aunque parezca un tópico, la vida es demasiado corta como para dedicarla a personas o asuntos que, de verdad, no te interesan. Hay que pasa página.

TL: No anclarte en lo que pudo haber sido y no fue…
CC: No solo eso, sino que lo importante es valorar lo bueno, lo que ha merecido la pena que, al final, puede significar muchísimo.

TL: ¿Cuál ha sido el secreto para sobrevivir a todo?
CC: No ha habido un secreto, fue una cuestión de actitud. Casi todo en la vida es eso, una actitud ante la adversidad sobre todo. Sobrevivir, a veces, es muy complicado pero, para mí, lo realmente difícil es hacerlo sin rencor, hacerlo para bien. No solo hay que sobrevivir y seguir hacia adelante, sino que hay que construir en positivo. Cuando te ocurre algo verdaderamente fuerte en tu vida, un drama personal, laboral o situaciones que te rompen por completo, eso te cambia por completo. Lo importante es lograr que lo hagan para bien. Hay que intentar que esas situaciones, que te llevan al límite, en la medida de lo posible te conviertan en una persona mejor, nunca en nadie peor.

TL: No es tarea fácil sin un terapia posiblemente…
CC: Yo creo y no rechazo la utilización de terapia o de un coach. Yo, afortunadamente, no lo he necesitado nunca porque esa terapia, de la que me hablas, yo la hago conmigo misma.

TL: ¿Sientes que, después de todo lo ocurrido, la gente te mira de distinta manera?
CC: Sí, claro. Es una cosa muy curiosa porque, cuando he notado que me miraban distinto, normalmente ha sido para bien. Yo tengo la sensación de que ha habido personas que, de repente, han descubierto, más allá del personaje público o del político, a la persona que estaba detrás. Y luego están los que simplemente dejan de mirarte, porque para ellos te conviertes en alguien invisible o en un apestado, pero yo a esas personas las he sacado de mi vida.

 

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TL: ¿Ha habido algún día en el que no querías salir de casa?
CC: Sí claro, por supuesto que ha habido más de uno. Ha habido épocas en las que la presión mediática era horrorosa. Mañana, mediodía, tarde, noche, en radio, televisión hablando de mí y, en ocasiones, contando mentiras. Yo sufrí un linchamiento mediático de libro, como no ha ocurrido jamás en la historia de este país. Espero y confío, de verdad, que no le vuelva a pasar a nadie. Por supuesto que hay días que no quieres salir. Los medios de comunicación tuvieron su parte de responsabilidad porque, hubo una época, en la que todo el mundo sabía dónde yo vivía. Mis hijos salían con miedo algunas veces. Yo nunca me he dejado llevar por ese temor porque, si lo haces, te metes en una rueda que, al final, te lleva a encerrarte en ti misma. En los peores momentos, siempre he salido a la calle con la cabeza bien alta y no he dejado de hacer las cosas que quería hacer.

TL: ¿Eso es ser valiente?
CC: Yo soy una persona fuerte, no te lo voy a negar. Lo que yo he pasado, solamente lo sé yo. No lo sabe ni mi familia. Yo sufría más por ellos que por mí. Al final me he dado cuenta que el sufrimiento propio es algo que, cada uno, gestiona. El de la gente que quieres ¡ya es otra cosa! Ver sufrir a tu familia cuando, aparentemente, tú eres el motivo de ese sufrimiento, es duro. Yo he tenido el apoyo incondicional de mi marido y mis hijos en todo momento pero su sufrimiento es lo que a mí me ha resultado muy difícil de gestionar. Ver sufrir a mis hijos, a mi madre, a mis hermanos, a mi marido… Eso ha sido complicado.

TL: «Yo soy una superviviente desde el 20 de agosto de 2013», me escribiste un día…
CC: Es la fecha en la que, realmente, yo volví a nacer. Estuve gravísima y, desde entonces, la vida la veo de otra manera. Yo soy muy consciente de que, si no hubiera pasado ese accidente y sus consecuencias, las secuelas físicas y psicológicas, estoy convencida que no sé si habría soportado todo lo que vino después.

TL: ¿De verdad? Es decir, en cierta medida te fortaleció…
CC: Totalmente. Yo me convertí en una persona diferente y, si te soy sincera, creo que me hizo una persona muchísimo mejor. Aprendí a valorar la vida de una manera radicalmente diferente, me di cuenta que cada día es único y que la vida es lo que te está pasando en cada momento, ni siquiera lo que crees que te pasa. Y aprendí que la vida es un regalo, incluso el peor de los días ¡también lo es!

TL: ¿Qué lectura extraes de todo lo vivido en estos últimos tiempos?
CC: He aprendido muchísimo de muchas cosas, pero no he sacado una moraleja de todo ello. Alguna de las cosas, que han ocurrido, ya las conocía. Yo sabía que, cuando estás en política, te apoya gente que luego te da la espalda. Desgraciadamente, se crean enemigos (sin pretenderlo muchas veces), se despiertan envidias y, como consecuencia, ocurren algunas de esas cosas que yo ya suponía. Quizás, lo que más me ha sorprendido de todo, es la reacción de la mayoría de la gente, tanto de mi entorno como desconocida. Me pasó en el primer momento, todavía hoy me sigue pasando y continúa sorprendiéndome. Yo me he encontrado en la calle tantísimo cariño, que me sigue alimentando. Muchas veces he pensado que, después de ese linchamiento tan terrible, inevitablemente la gente se ve condicionada y se posiciona. Yo vivo en Malasaña (donde hay todo tipo de gente, ideología diversa, idiosincrasia..), hago vida de barrio y salgo a la calle con normalidad. Siempre he estado preparada para que, en la calle, me pudieran decir algo desagradable, pero no me ha pasado nunca.

 

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TL: ¿Te ha sorprendido gente que ni imaginabas y decepcionado los que creías leales?
CC: Absolutamente, pero me quedo con la sorpresa de la gente para bien, la gente anónima. Esa es la realidad que yo me he encontrado ¿Sorprenderme en sentido negativo? Algunas personas, pocas pero sí alguna. Te sorprende, sobre todo, en  aquellas con las que tienes una relación más cercana y que, cuando estás en un momento de auténtica dificultad, desaparecen.

TL: Igual son los que no deberías tener de amigos…
CC: Indudablemente. Esto es como las mudanzas que, al final, te sirven para desprenderte de todo lo accesorio.

TL: ¿Tú sabes quién te la jugó?
CC: Sí, claro que lo sé.

TL: ¿Y eres capaz de seguir hablándole?
CC: Afortunadamente no tengo necesidad. El odio te consume y, en la vida, te tienes que dedicar a la gente que de verdad merece la pena. Es como cuando tienes una relación con otra persona, que es tóxica. Mientras esa persona siga siendo capaz de hacerte daño, ejerce un poder sobre ti. La gente que no te aporta, que te hace daño, que no te interesa ¡hay que sacarla de tu vida! Yo no soy rencorosa, tengo capacidad de olvido y a la gente tóxica la saco de mi vida. No les deseo nada malo, pero no los quiero tener cerca.

TL: ¿Echas de menos la política?
CC: Ahora ya no, pero si la eché de menos al principio porque fue una salida abrupta. Lo que yo sentí es que me habían arrancado mi vida de cuajo. Yo llevaba militado en el PP 35 años y, dedicada a la política, los últimos 20 aproximadamente. De repente, te quedas sin vida. Al principio me dolía, pero la echaba mucho de menos. Ahora ya ni me duele, ni la echo de menos. Al contrario, yo creo que personalmente estoy muchísimo mejor fuera, porque ahora he recuperado mi vida. En mis últimos años en la política, renuncié a tener vida. No hacía más que trabajar, incluidos fines de semana. No iba a nada, ni a comidas, cenas, ni reuniones familiares…

TL: ¿Cómo llevaban eso en tu casa?
CC: La verdad es que bien. Mis hijos, afortunadamente, ya eran mayores y, cuando eran pequeños, es verdad que les dediqué el 100 % de mi escaso tiempo libre. Ellos nunca han tenido la sensación de madre ausente. Ahora, con la perspectiva que da el tiempo, posiblemente algunas cosas las haría de manera diferente, porque sí es cierto que me he perdido algunas vivencias. Ahora estoy recuperando el tiempo perdido.

TL: ¿Cómo es esa vida más allá del despacho?
CC: Pues estupenda. Ahora disfruto de poder viajar, ir al cine, al teatro, salir a comer, y cenar, quedar con amigos o, simplemente, quedarme en casa viendo una serie o leyendo. No solo todo es cuestión de tiempo, sino también de dedicación. También te digo que yo he podido vivir la parte buena de la política, que la tiene. Poder tomar decisiones que beneficien a la gente, te da un subidón que no te puedes ni imaginar.

 

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TL: ¿Te has arrepentido de no haber contado hasta diez en algún momento?
CC: Seguramente sí. Intento no ser muy impulsiva, ni en el trabajo ni en mi vida privada. De hecho, yo me enfado poco pero, cuando lo hago, me da mucha rabia y me enfado conmigo misma por no haber sido capaz de controlarlo. No me gusta nada el conflicto, que la gente grite, que haya mal rollo en el trabajo. Es algo totalmente tóxico. Hay que saber gestionar el bienestar colectivo. Liderar también consiste en eso, en saber controlar tus propios sentimientos, dejarlos en un segundo plano y ser muy paciente.

TL: ¿Qué ha sido lo peor de todo?
CC: Ha habido muchísimas cosas horribles, no te puedo decir una sola porque ha sido un calvario. Todavía, en cierto modo, los es porque yo tengo na situación judicial, que está pendiente. Yo soy consciente de que todavía me queda mucho por pasar. Las situaciones hay que ir capeándolas, superándolas y no dejándote venir abajo. De momento, lo voy consiguiendo pero aún estoy en ello.

TL: ¿Esperas que, en algún momento, te pidan perdón?
CC: No lo espero. Primero porque no va a ocurrir. En este país hay mucha más facilidad para destrozar a alguien que para restituirle su honor. No espero nada. Es más, lo del perdón no me gusta nada porque tiene mucho que ver con nuestra cultura judeo-cristiana. Yo suelo pedirlo, pero también te digo que no creo que deba perdonar a nadie. Otra cosa es la disculpa. En la vida, el sufrimiento es lo único que ahí se queda, lo puedes gestionar de una manera o de otra y te transforma como persona para bien o para mal. Puede convertirte en una persona amargada, resentida con el mundo y yo no quiero ser esa persona. Trabajo activamente en ello y no ser así. Me gustaría haber llegado a este punto sin haber tenido que pasar por todo lo que he pasado.

TL: No todo el mundo tiene la oportunidad de una segunda vida. Y tú la estás viviendo…
CC: Quizás por eso, las cosas las veo con un poco de lejanía. La experiencia de mi accidente, de las dos semanas en coma inducido (que fue una experiencia terrible) y un mes en la UCI gravísima, a punto de morirme, me ha convertido en una persona más fuerte. Yo he podido aguantar con entereza, todo lo que ha venido después, gracias a ese proceso. Es más, te digo una cosa. Lo que me ha pasado a mí estaba no solo preparado y organizado, sino muy medido, porque aquí había un objetivo que no era solo apartarme de la política, sino que había un movimiento para mi destrucción personal. Esta no la han conseguido, la política sí es evidente. He tenido que empezar de cero, estoy reinventándome y mirado al frente.

TL: ¿Te refieres al episodio de las cremas en el objetivo de la destrucción personal?
CC: Sin duda. Eso era algo absolutamente innecesario, porque yo había tomado ya la decisión de marcharme de la política.

Cristina Cifuentes junto a Amalia Enríquez tras la entrevista

TL: ¿Sabías que existía ese vídeo?
CC: Sí lo sabía, porque ya habían intentado chantajearme previamente. Yo no podía dar crédito de que se guardara ese vídeo durante años y de manera completamente ilegal. Yo tengo por delante muchos deberes y prioridades. Lo más importante es limpiar mi nombre en los temas judiciales pendientes pero, por supuesto, luego viene otro amino que yo voy a iniciar. Desde hace un año, está presentada una demanda contra Eroski y luego van a ir otros detrás, sobre todo aquellas personas que se han lucrado, de una manera clara, de la exhibición de algo que no solamente era ilegal, sino que fue utilizado de una manera cruel, innecesaria y distorsionada. Pero antes debo limpiar mi imagen. Todo llegará y la vida pone a cada uno en su sitio.

TL: ¿Todo pasa por algo?
CC: Sí y no, pero da igual. La vida hay que aceptarla como te viene, no como te gustaría o habías pensado. Detro de eso, aprovechar tu situación de la mejor manera posible y tener una actitud positiva por eso. A pesar de todo, he conseguido ser feliz. Todo es cuestión de actitud porque hay cosas en la vida que tú no puedes cambiar, pero sí puedes poner todo de tu parte para gestionarlo en positivo.

TL: Es lo que tiene tener una segunda vida…
CC: Yo siempre fui así pero es cierto que, después del accidente, soy más fuerte y mejor persona. Mi experiencia con el coma no fue buena, no tengo buen recuerdo. Cada coma es diferente, por supuesto, pero el mío fue muy duro. Como te cuentan en las películas, oí conversaciones, vi la cara de mi traumatólogo antes de despertar. No sé, no fue una buena experiencia. Es más, si me vuelve a pasar algo, antes de quedarme en coma, prefiero morirme pero, lo vivido, me ha servido a encajar todo lo que vino después.

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