Encuentran joyas milenarias escondidas en una tumba en Sevilla

El enclave funerario de Carmona ya sirvió para desvelar que los perfumes romanos olían a pachulí.

Alicia Martín. 10/07/2023
(Foto: Ayuntamiento de Carmona)

La tumba romana del siglo I localizada la provincia de Sevilla, sigue desvelando grandes secretos. Hace unas semanas se revelaba que los primeros perfumes de la época estaban elaborados con aceites, posiblemente de oliva, y una esencia extraída de una planta de origen indio (Pogostemon cablin). Una mezcla que creaba el característico olor a pachulí. Ahora los científicos que siguen indagando en la tumba de Carmona han descubierto otro tesoro: joyas milenarias de ámbar.

En concreto, el equipo de investigación FQM346 de la Universidad de Córdoba ha analizado tres piedras preciosas. Dirigido por el catedrático de Química Orgánica José Rafael Ruiz Arrebola, ha determinado que posiblemente fueran las cuentas de un collar. Este pertenecería a la mujer enterrada en el mausoleo familiar, excavado por el arqueólogo municipal del Ayuntamiento de Carmona, Juan Manuel Román.

(Foto: Ayuntamiento de Carmona)
(Foto: Ayuntamiento de Carmona)

Las joyas de la tumba de Carmona procedían del Mar Báltico

Según publican en la revista Vibrational Spectroscopy, gracias a la química orgánica y la más avanzada tecnología de análisis, han podido confirmar que aquellas joyas eran ámbar y procedían del Mar Báltico.

Las joyas fueron conservadas en una pequeña bolsa hecha probablemente de lino, al identificar restos de celulosa junto a las piedras. Esto nos ha permitido hacer una radiografía completa de cómo se realizaban los rituales funerarios romanos.

Ámbar (Foto: Piqsels)
(Foto: Piqsels)

El ámbar es una piedra semipreciosa muy codiciada

El ámbar, considerado una piedra semipreciosa, es el fruto de la fosilización de restos orgánicos de resinas y otros materiales (en ocasiones insectos). La humanidad lleva otorgándole propiedades mágicas y curativas desde hace miles de años.

Por ello, Roma creó una calzada que unía el Mar Báltico con la capital del Imperio. Sobre todo para garantizar la seguridad de esta ruta comercial, existente desde la Prehistoria, ya que estas piedras han acompañado al ser humano desde el Neolítico.

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