Los sueños, a veces, se cumplen. Dicen que hay que perseguirlos con insistencia, grandes dosis de perseverancia y, sobre todo, creyendo que los vas a conseguir. La verdad es que yo nunca he sido muy soñadora. He procurado tener los pies bien asentados en el suelo, no sé si para evitar decepciones o porque siempre he preferido vivir el presente y no dejar volar la imaginación, pensando en lo que falta por llegar.
A lo largo de mi trayectoria profesional he conocido a mucha gente que ha visto cumplidos esos sueños. Y, en el ámbito personal, unos cuantos amigos han logrado materializar aquellos que, desde muy atrás, les rondaban la cabeza. Son sueños tangibles, esos que disfrutas más cuando ves que los puedes palpar.
Soñar con llegar a ser Reina, tener un Oscar en la vitrina de tu casa o poseer una mansión victoriana en plena campiña británica son posibilidades que, si los hados se alinean correctamente y hacen de las suyas, tal vez consigas. Pero los sueños que merecen la pena son aquellos por los que uno lucha sin desmayo, haciendo números, cábalas varias y quedándose muchas noches en vela para diseñar el camino correcto para lograrlos.
Las redes sociales pusieron en mi camino, hace ya tiempo, a alguien que logró su objetivo a base de paciencia, lucha y mucho esfuerzo. A pesar de su juventud (no llega a los cuarenta), el Dr Sergio Fernández Mesa es toda una eminencia en medicina estética. No es cirujano, por lo que no agrede al cuerpo con todo lo que el quirófano conlleva. Su especialidad son los tratamientos antiedad, regenerativos y de prevención.
Durante aproximadamente los últimos quince años, ha estado al frente de varias clínicas en las que ha ejecutado todo tipo de tratamientos corporales, pero su debilidad siempre ha sido la estética facial. En su carácter inquieto, gobernado por una cabeza privilegiada, siempre estuvo revoloteando la idea de tener un centro especializado solamente en el cuidado facial, sobre todo en el campo de rejuvenecimiento.
Y con ese tesón que caracteriza a los que obtienen grandes logros, consiguió que ese sueño se materializase hace unos dos años. En pleno centro del señorial Madrid, ha creado un lugar muy especial y único en la capital. Mediante técnicas no quirúrgicas, en LE MED Madrid se proponen conseguir devolver al rostro lo que el paso del tiempo se ha ido encargando de modificar. Rejuvenecer nunca puede ser sinónimo de transformar, por eso su técnica es la de trabajar con armonía y delicadeza para que todos nos reencontremos con las sensaciones de antaño frente al espejo, recuperando el interés por aparecer naturales y saludables en todas aquellas imágenes que formarán parte de la historia de nuestra vida.
Aplicando los conocimientos más avanzados en regeneración y estimulación celular, sus técnicas revitalizan y devuelven el trofismo a la piel del rostro para que, una vez regenerada, pueda trabajar volúmenes y contornos de manera armónica, sin olvidar la importancia de mejorar el aspecto externo de la piel. A veces, el miedo a cambios exagerados hace que nos resignemos y nos entreguemos al paso del tiempo. Y eso es algo que, en LE MED Madrid, se han propuesto cambiar.
*Fotografía principal @jblesly
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