Domaine de Chevalier: también existe el Burdeos blanco

La calidad de su blanco ha opacado la de su muy competente tinto.

Ignacio Peyró. 09/08/2015

Durante mucho tiempo, hablar de Graves fue hablar de dos realidades bien distintas. En primer lugar, de unos tintos que, capitaneados por sus enseñas más reverentes, justificaban la fama de un viñedo histórico y un terruño mítico. En segundo lugar, y lamentablemente, hablar de Graves era también hablar de blancos insustanciales y aburridos, tan sólo mercables por su etiqueta de prestigio bordelesa. Aun así, siempre hubo lugar para los blancos de calidad en Graves y en esa escisión, selecta y reciente, de Pessac-Léognan. Baste pensar en la fama pasmosa –con precios acordes- de los de Haut-Brion y La Mission Haut-Brion, o en una referencia tan codiciada –y de coste mucho más amable- como el de Domaine de Chevalier.

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Bodega Domaine de Chevalier. (Foto: domainedechevalier.com)

Junto a estos productores de solidez constante, la zona se ha ennoblecido desde los años ochenta y noventa a instancias de innovadores que, con un ojo en la Borgoña, han dado a los blancos de Graves un auge en calidad y predicamento. El resultado es que hoy, un cuarto de la producción de la appellation consta de esos vinos de sauvignon, sémillon y –si acaso- un puñado de muscadelle. Así, los blancos han vuelto a honrar una zona extensa pero irregular y poco plantada, más cálida que el septentrional Médoc y bendecida en sus mejores pagos por las gravas de su etimología.

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Bodega Domaine de Chevalier. (Foto: domainedechevalier.com)

El Domaine de Chevalier, no sólo por su nombre, ha venido siendo una excepción en la región: la calidad de su blanco ha opacado la de su muy competente tinto. La bodega, de fundación decimonónica, fue renovada y modernizada en los ochenta por la familia propietaria, los Bernard, destiladores de cognac que hace tres décadas se hicieron con la casa.

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Bodega Domaine de Chevalier. (Foto: domainedechevalier.com)

Como es común en la zona, sus cuarenta hectáreas de uva tinta son muy superiores en extensión a las cinco hectáreas reservadas a las variedades blancas. Más singular es su viñedo: Chevalier destaca por alzarse en solitario entre los bosques de la zona, lo que acentúa los contrastes térmicos, rasgo positivo salvo por el riesgo de heladas. Con suelos pobres y complejos, los actuales gestores han buscado una gran densidad de plantación –diez mil cepas por hectárea- y aplican, sin más detalle, una viticultura “profundamente ecológica”.

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Bodega Domaine de Chevalier. (Foto: domainedechevalier.com)

La temprana vendimia de la uva blanca –primeros de septiembre- suele librarla de las lluvias del otoño, al tiempo que el frescor predominante en el viñedo les aporta acidez. La fruta se recoge en sucesivas “tries” y se lleva directamente a la prensa. Chevalier fue pionero en prácticas que hoy siguen la mayor parte de los elaboradores, como el control de temperatura, o el uso de roble nuevo para la fermentación –un treinta por ciento- y la crianza, el bâtonnage de las lías… El vino permanece en barrica dieciocho meses, y el coupage final es siempre superior en sauvignon que en sémillon, casta esta que guarda especial afinidad con el roble nuevo.

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Domaine de Chevalier Blanc 2004. (Foto: domainedechevalier.com)

Tras haber probado en meses sucesivos el blanco de 1995 (61,50 euros en Marquet, Andorra) y el de 2004 (114 euros en mesa en Arce), uno cree que es mejor limitar la guarda: el primero estaba ya algo caído, en tanto que el segundo estaba pletórico, en plena meseta. Y hace un claro honor a su fama: limpio, con reflejos verdosos, su nariz es menos frutal que floral y herbácea, con un punto especiado.

Es, con todo, en boca donde sobresale por su perfecta mezcla de acidez e integración con la madera: una potencia equilibrada que define su elegancia. No hace falta decantar para que el vino, en poco tiempo, vaya abriéndose y redondeándose, mostrándose envolvente en boca, rico y untuoso, suave, sin un solo exceso de madera, complejo y con un largo final que deja ganas de más. Es, sinceramente, para comprar y guardar muchas botellas.

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