Una de las tiendas más increíbles del mundo

Tender Buttons es una tienda única en el mundo, prácticamente un pequeño museo. Vende exclusivamente botones de todas las épocas y gustos.

Suelen decir que, por mucho tiempo que uno viva entre sus calles, nunca se puede llegar a conocer del todo Nueva York. Más allá del Empire State o Times Square, la Gran Manzana esconde rincones extraordinarios, peculiares, excéntricos– que no salen en las guías de viaje. Cómo no va a guardar secretos, si la ciudad tiene tantas tiendas que haría falta más de una vida para visitarlas todas.

MIles de botones para pasar un rato eligiendo tu favorito
Miles de botones para pasar un rato eligiendo tu favorito

Una de las más insólitas que se puede encontrar es Tender Buttons, un pequeño local en el que se venden única y exclusivamente botones. Antiguamente no habría sonado extraño el hecho de dedicarse por entero a la venta de estos tesoros -pues había ciertas tiendas de este tipo-, pero en la actualidad este peculiar negocio es único en el mundo.

Algunas personas opinan que parece más un museo, pero en realidad es una tienda”, insiste Richard, el responsable de ventas, defendiendo su cometido. Aunque no fue siempre ese el principal objetivo del local. Tender Buttons nació cuando en 1964 Diana Epstein, que era editora de la Enciclopedia Funk and Wagnall, compró una tienda de botones casi en ruinas a un excéntrico comerciante. Sin saber muy bien qué hacer con aquella curiosa mercancía, Epstein se asoció con Millicent Safro, una restauradora de antigüedades, y juntas comenzaron esta aventura empresarial.

La tienda comenzó como un pequeño negocio que se ha convertido casi en un museo del botón
La tienda comenzó como un pequeño negocio que se ha convertido casi en un museo del botón

Al principio, aquel extraño lugar se convirtió más bien en un espacio artístico. Entre el humo de los cigarros y cajas de botones oxidados, artistas amigos como Jasper Johns o Ray Johnson discutían con las dueñas sobre el pop art o las diferentes gamas del color marrón. Safro recuerda que se pasaban toda la tarde conversando y que más que trabajar, se divertían con los botones.

Ciertamente, el botón es ese objeto al que nunca prestamos atención hasta que desaparece. Por eso, pronto empezó a acudir gente a la tienda en busca de botones que sustituyeran a los que habían perdido. En poco tiempo, Tender Buttons se convirtió en un negocio exitoso. El nombre de la tienda es el mismo que el del libro de Gertrude Stein, publicado en 1914, un tributo a los objetos insignificantes.

Cajas y cajas de botones llenan las paredes de la tienda
Cajas y cajas de botones llenan las paredes de la tienda

Si normalmente no nos damos cuenta de la existencia de los botones, en esta pequeña tienda no se ve otra cosa. Como si los botones más especiales del mundo, huyendo de la tiranía de las cremalleras, se hubieran mudado a aquella casa de ladrillo rojo de la calle 62 con Lexington Avenue. Una de las paredes del estrecho local es toda en sí una estantería, desde el suelo hasta el techo. En cada balda descansan 50 cajas y en cada caja entre 300 y 1.000 botones. Así, millones de estos seres inanimados esperan pacientes en sus cajones a posibles compradores.

Desde botones de plástico de colores para prendas sencillas hasta joyas históricas, como un botón conmemorativo de la inauguración de George Washington como Presidente en 1789. Y es que, casi sin quererlo, Epstein y Safro se convirtieron en las principales coleccionistas de botones del mundo. Viajaron por lugares como Londres, París, Venecia, El Cairo, Jerusalén, Estocolmo, Moscú o el suroeste de América en busca de piezas especiales, llegando a acumular botones de todos los gustos y épocas.

tenderbuttons
Tender Buttons está situada en la calle 62 con Lexington Avenue

Cada poco entran y salen personas que quieren una botonadura específica y se pierden durante largos minutos rebuscando entre las opciones. Sin embargo, en otra de las paredes se exponen botones inusuales, no aptos para cualquier chaqueta, que miran detrás de sus marcos de cristal. Hay botones del siglo XVIII pintados en marfil, de cerámica Wedgwood -la más famosa-, de latón plateado de ejércitos, de perla tallada, de la época victoriana, esmaltes franceses exquisitos, botones de la antigua China, de plata de Art Nouveau o de plástico de Mickey Mouse de los años 40.

Toda una colección de arte en miniatura que no ha pasado desapercibida para algunas personalidades. Diseñadores como Ralph Lauren, Marc Jacobs u Oscar de la Renta han visitado este espectáculo de botones; así como actores o escritores como Paul Newman y Tom Wolfe. En estos 51 años que lleva abierta, las dueñas han realizado ventas peculiares, como unos botones de cuerno de búfalo a Greta Garbo o un excepcional juego de botones de Lady Margaret Beaufort a Calvin Klein.

Las fundadoras de la tienda de botones más grande del mundo
Las fundadoras de la tienda de botones más grande del mundo

De las lámparas y muebles antiguos a la exposición de los productos, en este lugar de culto a lo pequeño se cuidan mucho los detalles. Para que aquellos clientes que caen en la tienda por casualidad no se pierdan la singularidad del lugar, encima de cada muestra está escrita a mano la procedencia de los botones, la época y el estilo. Así, aunque uno se imagina que comprar un simple botón es tarea fácil, en este lugar los clientes se pasan horas decidiendo entre tanta oferta y la compra se convierte en un reto.

Como dicen en su página web, Tender Buttons es la Meca para los coleccionistas de botones, diseñadores, sastres y turistas de todo el mundo. Muchos peregrinan a Nueva York sólo para visitarla. En palabras de Epstein: “La mayoría de nuestros clientes son personas con un sentido especial del estilo, que quieren poner su toque personal en todo lo que llevan”.

Cada detalle se cuida al máximo en Tender Buttons
Cada detalle se cuida al máximo en Tender Buttons

Actualmente, solo Millicent Safro -su compañera Diana Epstein murió en 1998- cuenta en primera persona las memorias de esta peculiar tienda neoyorquina con un aire filosófico. The Luxonomist le pregunta cómo describiría la importancia de un botón. “Cada botón tiene una historia. Es el detalle más pequeño, pero marca la diferencia. Reviste a tu ropa. Unos buenos botones elevan repentinamente la calidad de lo que llevas puesto”, explica entusiasmada.

De los más clásicos a otros más modernos, botones para todos los gustos
De los más clásicos a otros más modernos, botones para todos los gustos

En términos de vestimenta, no hay nada más humilde que un botón. A veces solo adornan la prenda, otras son fundamentales para que cumpla su objetivo, pero en la calle 62 de Manhattan Tender Buttons les rinde un homenaje único. “Los clientes siempre se sorprenden de que existimos. ¡Una tienda que sólo vende botones! Pero entran sonriendo y siempre pasan un buen rato mirando los productos”, cuenta Safro. Sin duda, un lugar peculiar como pocos. Una tienda que, a pesar de la insignificancia de sus objetos, “habla de manera mágica a la gente”.

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