Ellas no leen peor los mapas que ellos

¿Procesamos la información de forma diferente en función de si somos hombres o mujeres? Te explicamos cómo funcionan nuestros cerebros dependiendo del sexo y muchos más motivos.

Ana Villarrubia. 28/04/2016

¿Cómo es tu visión y tu orientación espacial? ¿Puedes imaginar objetos que has visto dibujados en un plano? ¿Eres de los que sabe leer un mapa o de los que sin su GPS está perdido? Desde no perdernos por la calle hasta movernos con soltura por nuestra propia casa, pasando por no olvidar dónde hemos aparcado el coche (si es que hemos conseguido aparcarlo bien) las implicaciones de nuestra buena o no tan buena cognición espacial están muy presentes en nuestro día a día. Y resulta que hombres y mujeres no lo tenemos igual de fácil.

Hombres y mujeres somos distintos. ¡Está demostrado!
Hombres y mujeres somos distintos. ¡Está demostrado!

El equipo de neurólogos y psicólogos de CogniFit, una empresa orientada a la investigación, evaluación y mejora en el terreno de la salud cognitiva, ha evaluado las diferencias entre hombres y mujeres en la percepción espacial. Si bien aún queda mucho por investigar en este campo, sus hallazgos son muy interesantes y explican algunas de las dificultades que más a menudo hombres y mujeres experimentamos en nuestro día a día.

Las mujeres no leen peor los mapas que ellos
Las mujeres no leen peor los mapas que ellos

Los hombres lo hacen mejor que nosotras cuando se trata de manipular cognitivamente información tridimensional (una función implicada en tareas como aparcar el coche, orientarse en una ciudad, conducir sin pisar la las líneas blancas o rotar mentalmente objetos o imaginarlos en un espacio) pero nosotras destacamos ligeramente en el procesamiento de la información bidimensional (una función implicada en la escritura, la agilidad lectora o la comprensión de mapas). Así pues, se derriba el mito: ¡las mujeres no leemos los mapas peor que los hombres!

En The Luxonomist hemos querido saber un poco más acerca del funcionamiento del cerebro y  qué implicaciones pueden tener las supuestas diferencias que puedan existir entre cerebros femeninos y masculinos en el procesamiento de la información espacial. Para ello hemos entrevistado a Cristina Nafría, la neuropsicóloga que ha dirigido este estudio llevado a cabo por CogniFit con hombres y mujeres de los principales países europeos (España, Francia, Alemania e Inglaterra) y Estados Unidos.

Cristina
Cristina Nafría contestó amablemente a nuestras preguntas

The Luxonomist: En esto de la orientación espacial, parece que los hombres nos ganas la batalla. ¿Cómo se explica esto desde el punto de vista biológico o neurológico?
Cristina Nafría:
Primero, odio hablar de batallas entre hombres y mujeres, somos diferentes en algunos aspectos, pero estas diferencias no nos hacen ni mejores ni peores. Para algunas tareas puede que ellos presenten mayor destreza cognitiva, y para otras, seremos nosotras. ¿Quién las desempeña mejor? ¿Quién las desempeña peor? Eso depende, casi siempre, del punto de vista con que se mire.

Dicho esto, en el caso de la orientación espacial (aunque no se puede generalizar porque cada persona es diferente) parece que a los hombres se les da un poquito mejor, al menos la que concierne a aspectos tridimensionales, como puede ser la rotación mental de objetos y la orientación por el espacio real.

Ellos son mejores en el aspecto tridimensional
Ellos son mejores en el aspecto tridimensional

TL: ¿A qué te refieres? ¿Cuál es la diferencia entre la percepción espacial bidimensional y tridimensional? Y, en general, ¿cuál se nos da mejor a hombres y mujeres?
CN:
Pues es bastante sencilla y, de manera intuitiva, imagino que muchos ya la sabemos. La percepción espacial bidimensional es la que solo se da en dos planos: el ancho y el alto. Es decir, cuando percibimos estímulos que se dan en un espacio sin volumen. Por ejemplo: cuando leemos o escribimos estamos trabajando en espacios bidimensionales y utilizamos nuestra capacidad de percepción espacial bidimensional para reconocer el espacio que hay entre las palabras o entre las líneas (nuestra percepción espacial nos permite no saltarnos de línea, por ejemplo). Cuando interpretamos mapas también utilizamos este tipo de habilidad. En este tipo de percepción parece que hombres y mujeres lo hacen más o menos igual de bien, al menos por los datos que desprendemos del estudio que hemos realizado en CogniFit, que sitúa las capacidades de las mujeres ligeramente (1,6%) por encima de las de ellos.

En cambio en la percepción espacial tridimensional sí existen las tres dimensiones (longitud, anchura y profundidad), es decir, hay volumen. El mundo, tal y como lo percibimos, es tridimensional. Diversas investigaciones indican que a las mujeres les cuestan un poquito más las tareas que implican la percepción espacial tridimensional, sobre todo la rotación mental de objetos y la orientación en el espacio. De hecho, nuestra investigación en CogniFit también va por esa línea: los hombres parecen hacerlo mejor en las tareas que implican la percepción espacial tridimensional, mientras que en las tareas bidimensionales no hay diferencias significativas entre ambos sexos.

No procesamos de igual manera la información
No procesamos de igual manera la información

TL: Entonces, ¿es cierto que los cerebros de hombres y mujeres no funcionan o no procesan la información del mismo modo?
CN:
Mmmm, a nivel estructural los cerebros entre hombres y mujeres son iguales, sin embargo es posible que procesen la información de modo diferente. Si esto es debido a algo innato o a algo adquirido, debido por ejemplo a la educación diferencial que reciben niños y niñas o a las diferentes experiencias que viven, es algo que todavía está por dilucidar. Probablemente ambos aspectos juegan un rol importante.

El papel cultural es muy importante. Desde pequeños, los padres solemos animar a los niños a jugar con juegos que refuerzan y mejoran las capacidades cognitivas, sobretodo de habilidades viso-espaciales. Por ejemplo, los juegos de construcción tipo Lego, o de arreglar cosas, los puzles… Son juegos que entrenan nuestras capacidades de percepción espacial. A las niñas se las anima más a jugar a muñecas o a cocinitas, con lo que practican más habilidades verbales, de contar historias. Así, desde pequeñitos los niños van reforzando las conexiones neuronales y mapas mentales que tienen que ver con estas habilidades.

Sin embargo, no podemos decir que estas diferencias sean debidas a un papel meramente cultural, o de como educamos a nuestros hijos. El papel innato no lo podemos desdeñar, ya que las diferencias entre hombres y mujeres a nivel de percepción espacial es algo que se ha comprobado en todas las culturas. Si fuese algo meramente cultural, probablemente encontraríamos culturas en que estas diferencias no serían tan acusadas. Algunos estudios hablan del papel que podrían jugar las hormonas o que incluso se trate de algo evolutivo (los hombres eran los encargados de ir a cazar y para ello necesitaron desarrollar intensamente su percepción espacial para saber moverse eficazmente por el terreno: ser capaces de hacer mapas mentales del terreno donde estaban y saber intuitivamente cuál era el camino de vuelta a casa después de recorrer largas distancias en busca de alimentos). Quizás se trate solo de una pequeña diferencia biológica, que se va haciendo cada vez más grande gracias al ambiente en el que nos criamos.

En la adolescencia es cuando se empiezan a ver las diferencias al procesar la información
En la adolescencia es cuando se empiezan a ver las diferencias al procesar la información

TL: Esto reforzaría la idea de que la testosterona es importante en la formación de estructuras cerebrales que están implicadas en todo lo relacionado con la función espacial, ¿es así?
CN:
Últimamente se está estudiando el papel de la testosterona en la función espacial. Un estudio hecho por la Universidad de Pensilvania, observó que en las mujeres predominaban las conexiones inter-hemisféricas (entre los dos hemisferios cerebrales) mientras que en los hombres predominan las intra-hemisféricas, concretamente de la parte posterior del cerebro y del cerebelo a la parte pre-frontal. Estas áreas están asociadas a la percepción (parte posterior) y a la acción (parte frontal), lo que sugiere que el cerebro de los hombres está estructurado para facilitar la conectividad entre la percepción y la acción de movimientos.

Además, lo más interesante es que empezaron a ver está disociación entre hombres y mujeres a partir de los 12-13 años, lo que les hizo suponer que las hormonas (la testosterona concretamente) jugaban un papel en estas diferencias. Otros psicólogos han investigado el rol de la testosterona estudiando a niñas nacidas con Hiperplasia Adrenal Congénita (HAC). La HAC es una enfermedad en la que las glándulas adrenales producen altos niveles de testosterona. A pesar de que es una enfermedad que se trata nada más nacer (por lo que se consigue regular los niveles normales de testosterona), los investigadores querían ver si los altos niveles prenatales afectaban a sus capacidades cognitivas en el futuro.

El cerebro es plástico y la plasticidad es diferente en hombres y mujeres
El cerebro es plástico y la plasticidad es diferente en hombres y mujeres

Siguieron a estas niñas durante años y lo que vieron es que las niñas con la mutación para la HAC, eran mejores en tareas de rotación mental de objetos que sus hermanas sin esta mutación. Esto sugiere, de nuevo, que las hormonas podrían estar relacionadas con la habilidad espacial. Los investigadores sugirieron que quizás la testosterona ayuda a desarrollar el hipocampo (una de las estructuras más relacionadas con la capacidad espacial). Sin embargo, las niñas con HAC también mostraban una predilección por los ‘juguetes de niños’, es decir, juegos de construcción, legos, bloques… ¿Puede la testosterona influir en el tipo de actividades que más nos gustan, y que sean el desarrollo y práctica de estas actividades lo que realmente explique el ‘gap’ entre hombres y mujeres? Todo esté en el aire.

TL: ¿Significa esto que los hombres son más aptos para el desarrollo de algunas tareas o, incluso, para el ejercicio de algunas profesiones? ¿Puede decirse que sea esto lo que los datos apuntan?
CN:
Yo no diría tanto. Lo que puede explicar es la predilección de los hombres por cierto tipo de tareas o profesiones, ya que para ellos les pueden resultar más sencillas o más lógicas. Lo que sí está probado (o al menos hay bastante consenso) es que la percepción espacial es importante para el desarrollo de algunas habilidades y/o profesiones de carácter técnico. La rotación espacial de objetos se correlaciona con las matemáticas, sobre todo con tareas de geometría y resolución de problemas (se cree que es la principal responsable de las diferencias entre hombres y mujeres), pero también con el éxito en carreras técnicas como las ingenierías, la arquitectura o la física.

Ellos suelen ser mejores en carreras más técnicas
Ellos suelen ser mejores en carreras más técnicas

Que los hombres sean mejores en tareas de rotación mental de objetos podría explicar porque escogen más este tipo de disciplinas en las que se necesitan estas habilidades. En este tipo de actividades quizás las mujeres se lo tienen que ‘currar’ más, pero esto no quiere decir que no las puedan hacer igual de bien, o incluso mejor que los hombres, una vez han sido aprendidas y desarrolladas. Además, no hemos de olvidar de que hablamos de medias. En la realidad vemos a muchísimas mujeres que son excelentes en este tipo de tareas.

TL: Partiendo de esta realidad biológica, ¿hay algo que se pueda hacer al respecto? Ya que el aprendizaje juega un papel relevante, ¿hay cabida para el entrenamiento o debemos sucumbir ante la genética?
CN:
Por supuesto que tiene cabida el aprendizaje. Que haya un componente biológico, no quiere decir que sea estático y determinante. El ambiente, la cultura, la educación, el aprendizaje juegan papeles importantísimos en la modulación de las características biológicas que podamos tener. Hay que tener siempre en mente que el cerebro es plástico, tiene  la capacidad de establecer nuevas conexiones mediante las experiencias que vamos teniendo, el aprendizaje y el  entrenamiento. Es la famosa plasticidad cerebral, que es la base de la rehabilitación cognitiva. El cerebro es más plástico cuanto más pequeños somos. Los bebés son los que tienen una mayor plasticidad cerebral. Todo está por formar y conectar.

De 0 a 5-6 años, el cerebro de los niños crece a un ritmo vertiginoso formando nuevas conexiones en base a las experiencias y la interacción con el ambiente que van teniendo. Pero esta capacidad se mantiene en la vida adulta. Este potencial adaptativo, permite al cerebro reponerse a trastornos o lesiones. Y es justo en lo que se basa CogniFit, en explorar y evaluar las funciones cerebrales para poder ofrecer per programa de estimulación o rehabilitación cognitiva que más se adapte a cada usuario o paciente. Así que volviendo al tema que nos ocupa, sí podemos entrenarnos y mejorar nuestras habilidades espaciales. Resumiendo, con lo que nos tenemos que quedar es que la genética existe, está ahí, pero no es algo fijo e inmodificable, tenemos mucho que hacer y decir. Esto puede considerarse algo bueno o malo, porque nos da la responsabilidad -y el poder- de mejorar en esos aspectos que tengamos dificultades.

TL: Ya nos has dicho que las diferencias en el procesamiento cerebral de la información espacial se acusan a partir de la pubertad pero, como acabas de decir, “el cerebro de los niños crece a un ritmo vertiginoso”. ¿Se observan algunas diferencias ya en los más pequeños?
CN:
Creo que estas diferencias son más acusadas en adultos, ya que en los niños el cerebro aún está formándose, aún se están estableciendo estas conexiones y hay una mayor plasticidad cerebral que puede hacer que seamos mucho mejor en unas tareas u otras según las vayamos entrenando. Como hemos visto antes, en el estudio de Pensilvania empezaron a ver estas diferencias en la conectividad cerebral en niños de 12-13 años. Aunque probablemente estas diferencias se empiezan a generar mucho antes, a través de nuestras experiencias. Los circuitos cerebrales que se van reforzando y conectando en nuestra infancia a través de los juegos a los que jugamos, y de las relaciones que establecemos con los otros.

Las relaciones con los demás también influyen
Las relaciones con los demás también influyen

TL: Las investigaciones al respecto, como las que tú diriges, ¿pueden tener implicaciones para introducir avances y novedades en el trabajo con niños con dificultades? Por ejemplo, niños con déficit de atención, retraso madurativo, trastornos del desarrollo o también enfermedades raras que afectan a la configuración de su sistema nervioso. ¿Podrían desarrollarse programas de estimulación neuropsicológica que ayudaran a estos niños en su día a día? Por ejemplo, a nivel de psicomotricidad, de coordinación, de agilidad en el procesamiento de la información, de atención o incluso de orientación espacial en los espacios en los que habitualmente se mueven.
CN:
El cerebro de los niños no es como el de los adultos (que aún cuando tenga cierta capacidad de plasticidad cerebral, está más o menos fijado) sino que es un cerebro en continuo desarrollo. A los 3 años se supone que ya tiene el 70% del volumen que ocupará, y a los 6, el 80-90%; por lo que está sujeto a miles de modificaciones y cambios en las conexiones que se van estableciendo a partir de la estimulación que reciben. A cada segundo, se producen miles de sinapsis, pero no todas son necesarias, por lo que existen mecanismos de regulación que eliminan aquellas que no son útiles (un cerebro normal pierde el 50% de las conexiones sinápticas que establece).

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Los circuitos cerebrales que se van reforzando a través de los juegos a los que jugamos de niños

Viéndolo así en conjunto, parece bastante viable que en este proceso de crecimiento puedan surgir errores. ¡Lo maravilloso es que se produzcan tan pocos! Según la etapa del neurodesarrollo en que se produzcan estos errores (perinatal, durante el embarazo o en la infancia), las implicaciones prácticas serán diferentes. El tipo de errores que se pueden producir también puede ser muy variado, en trastornos como el autismo, por ejemplo, se está apuntando a un crecimiento excesivo del cerebro en los primeros años de vida. Esto significa que los niños generan muchas sinapsis, pero que carecen de los mecanismos de control sináptico que les permiten eliminar las que no necesitan.

Por eso, es importante para CogniFit investigar. Conocer este tipo de información, nos ayuda a comprender mejor las etapas del neurodesarrollo, los procesos neurodegenerativos y declive cognitivo. Estos análisis nos ayudan a identificar de forma más precisa posibles déficits. Algunos de los trastornos pueden solucionarse con una intervención adecuada y otros, aunque son crónicos, se pueden mitigar fomentando la creación de nuevas sinapsis y circuitos neuronales capaces de reorganizar y recuperar la función de la zona dañada y la transmisión de capacidades compensatorias.

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Las diferencias se notan más en la edad adulta

La investigación lo que nos permite es aumentar nuestro conocimiento sobre estos procesos y crear -o mejorar- los programas de exploración y estimulación neuropsicológica que tenemos en CogniFit. Actualmente contamos con herramientas dirigidas a profesionales de la salud, investigadores, colegios y familias. Los programas de CogniFit permiten evaluar y mejorar la salud cognitiva de usuarios sin patologías, pero también contamos con herramientas más específicas enfocadas a trastornos del neurodesarrollo como la dislexia, TDAH, discalculia… enfermedades neurodegenerativas, Alzheimer, demencia, deterioro cognitivo, Esclerosis Múltiple… y otras patologías, como insomnio, depresión, quimioneblina, etc…

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