Medicina estética sin ‘pasarse de la raya’

Son muchos los avances médico-estéticos que nos permiten mejorar nuestro aspecto físico sin tanto sacrificio. ¿Es recomendable, desde el punto de vista psicológico, recurrir a ellos? 

Ana Villarrubia. 10/12/2015

Según la RAE, la autoestima no es más que la sencilla “valoración generalmente positiva de sí mismo”. Claro, concreto, conciso y también bastante optimista. Quizá hasta demasiado optimista porque eso de que la valoración sea “generalmente positiva” está por ver. Lo que sí es cierto es que el concepto de autoestima puede resumirse bajo ese cómputo global que recoge la valoración subjetiva que hacemos de nosotros mismos.

Es decir, la forma en la que nos concebimos y, por tanto, la forma en la que nos juzgamos. Sin embargo, por mucho que queramos simplificar este concepto, la realidad nos demuestra que el proceso de construcción de la autoestima es tan complejo como las interacciones que se producen entre multitud de factores que influyen sobre ella.

Desde niños, aprendemos a tener una imagen de nosotros mismos
Desde niños, aprendemos a tener una imagen de nosotros mismos

Desde pequeños vamos ensayando nuevas conductas que nos conducen a la experimentación de éxitos o de fracasos. Con todo ello, vamos recogiendo minuciosamente la imagen en el espejo que los demás nos van devolviendo sobre nuestras formas de actuar y nuestras distintas y aún inmaduras formas de ser. Nos sentimos capaces o incapaces, útiles o inútiles, listos o tontos, en función de lo que vamos consiguiendo o dejando de conseguir y en función de lo que vamos sabiendo sobre lo que los demás piensan de nosotros mismos.

Integramos esas visiones y las mezclamos con la que nosotros mismos percibimos en función de si conseguimos o no nuestros objetivos, de cómo resolvemos las dificultades por el camino o de si somos o no fieles a nuestras ideas. Se da así lugar a eso que llamamos autoestima, una valoración general y subjetiva, porque siempre somos nosotros a través de nuestros sesgos quienes interpretamos e integramos la información que vamos recibiendo.

Parte de la autoestima se basa en el autoconcepto físico
Parte de la autoestima se basa en el autoconcepto físico

Esto explica por qué la imagen que tenemos de nosotros mismos, en todos los sentidos, está tan impregnada de lo que creemos que los demás piensan sobre nosotros. De ahí que personas con la autoestima muy baja se valoren negativamente en base a que interpretan y anticipan que son valorados negativamente por los demás.

Uno de los ejemplos más ilustrativos de todo ello es esa parte de la autoestima que se basa en el autoconcepto físico, una importante parte de la autoestima sobre cuyo análisis merece la pena detenerse. No importa lo universalmente guapa que puedas ver a una persona, no importa lo objetivamente armonioso de sus rasgos; si esa persona se empeña en considerarse fea, se verá fea. Si no aprendió a valorarse, se verá mal con independencia de lo que vean los demás.

Antes de someterse a cirugía estética, hay que ver de dónde viene el problema
Antes de someterse a cirugía estética, hay que ver de dónde viene el problema

Por eso, cuando en el contexto de una terapia psicológica trabajamos la autoestima en consulta y detectamos que existe un mal autoconcepto físico, una de las muchas cosas que trabajamos con la persona es el autocuidado. Promovemos que, en lo posible, la persona se encargue de cuidarse y se responsabilice de mejorar aquellas partes de su aspecto físico que está en su mano modificar.

No se trata sólo de que la persona se responsabilice del cuidado de aspectos de sí misma que ha dado por perdidos a causa de pensamientos muy rígidos y negativos que llevan mucho tiempo acompañándola. Se trata, además, de que la persona con un mal autoconcepto físico abandone las gafas distorsionadas desde las cuales se percibe y adquiera una visión mas realista. Conseguimos así modificar el prisma único desde el que lleva toda una vida observándose. Y lo hacemos a través de diversas estrategias.

Muchas mujeres sienten vergüenza de su aspecto físico
Muchas mujeres sienten vergüenza de su aspecto físico

Recogemos información y ‘consejos’ de personas cercanas, le pedimos opinión al médico de cabecera y al nutricionista en cuanto al peso corporal y el tono muscular, hacemos fotografías desde distintos ángulos, buscamos propuestas de cambios concretos sobre la forma de llevar el pelo, la forma de vestir… En definitiva, promovemos una imagen más objetiva sobre la propia persona, para después trasladarle a ella la opción de decir qué cambios desea introducir en su imagen y en la forma que tiene de presentarse ante el mundo.

Por desgracia, con muchas mujeres adultas con baja autoestima y nefasto autoconcepto físico, nos encontramos con barreras físicas reales. Mujeres avergonzadas por su cuerpo que llegan a obsesionarse con el peso y la grasa localizada que, desde su punto de vista, deforma su figura. Y por más que introducimos cambios en la dieta y en sus rutinas de ejercicio nos chocamos de frente con un metabolismo más lento que con el paso de los años parece estéticamente inmune al ejercicio físico y con células grasas que tampoco responden a los efectos de la adrenalina propia de toda una sesión de tonificación muscular en el gimnasio.

Además de
El ejercicio físico es importante para hacer sentir bien a las pacientes

Se trata de situaciones que, desde la tristeza y la desmotivación, se hace aún más costoso revertir. En casos en los que la determinación de la persona hace muy difícil trabajar desde el enfoque de la aceptación, se hace necesario recurrir a otro tipo de estrategias. Una cuestión aparentemente estética puede llegar a ser muy relevante para una persona que ve que su imagen corporal se aleja incluso de su propia identidad.

En estos casos está justificado y puede ser hasta recomendable recurrir a técnicas exógenas de medicina estética, externas al control que la persona ejerce sobre su propio cuerpo y también mucho más efectivas. No se trata de convertirse en un esclavo del bisturí. ¡Eso sería lo opuesto a mejorar el autoconcepto físico (y, con ello, la autoestima) de forma responsable y saludable! Y nunca podría ser una pauta terapéutica a seguir. De lo que se trata es de ayudar a la persona para que perciba que sus esfuerzos sí llegan a verse recompensados y surten un efecto real, visible.

La clave está en no convertirnos en esclavos del bisturí
La clave está en no convertirnos en esclavos del bisturí

En estos casos sólo podemos ponernos en manos de un buen equipo de profesionales, un equipo multidisciplinar que trabaje desde este punto de vista, con criterio psicológico, con vocación de ayudar y no de aprovecharse económicamente de la desesperación de un potencial cliente. Para esto no vale cualquiera. Yo, personalmente, he visto en la consulta los estragos psicológicos de promesas quirúrgicas incumplidas e intervenciones masivas sin objetivos claros ni coherencia alguna.

No es el caso del Centro de Medicina Estética de Cristina Álvarez, donde su filosofía de trabajo se basa en respetar el principio de que la estética se pone al servicio de la persona siempre desde un criterio terapéutico, poniendo la tecnología y los avances en investigación médica al servicio de la salud física pero también al servicio de la salud psicológica. Cada caso se trata de la manera menos invasiva posible.

Si decidimos op
Si decidimos operarnos, lo mejor es hacerlo de manos de profesionales.

Desde su forma de trabajar demuestran ser conscientes de que la autoestima se resiente cuando nos esforzamos por alcanzar imposibles y, por ello, parten de la base de que cualquier intervención debe de acompañarse de pequeños cambios en las rutinas diarias, pequeñas metas accesibles que complementan intervenciones más eficaces. Son muchos los centros de los que tengo conocimiento a través de mis pacientes, pero me fío de ellos porque además de dominar la técnica, el proceso y la colaboración entre distintos profesionales de la salud, me consta que saben cuándo decir “Así no”.

Y todo esto porque desde el punto de vista psicológico sólo son recomendables pequeñas intervenciones mínimamente invasivas, nunca drásticas, que respeten la fisionomía de cada uno y sólo promuevan sutiles cambios. Centros que promueven cambios milagrosos sin acompañarse de dietas equilibradas y hábitos de autocuidado saludables son contraproducentes para la salud física y psicológica, además de que suelen conllevar tremendos efectos rebote con los que luego se hace aún más complicado lidiar.

En los centros de estética deben ser capaces de decir 'No'
En los centros de estética deben ser capaces de decir ‘No’

La intervención médico-estética ideal, la verdadera coadyuvante en un proceso de cambio psicológico duradero, es aquella que responsabiliza a la persona de su propio proceso de cambio, de la consecución de sus metas y del mantenimiento de todo ello, y que también es plenamente coherente con la salud, las circunstancias personales, la edad e incluso la necesidades profesionales de cada uno.

Una baja autoestima nos bloquea; y limita nuestra libertad de movimientos a través de las inseguridades y los miedos que genera. Por eso me atrevo a recomendar ayudas médico-estéticas sólo en casos en los que la evaluación del caso así me lo permite. Y nunca a lo loco. Trabajando mano a mano con un equipo de profesionales conscientes de las implicaciones globales del concepto de salud.

Si te sientes bien contigo mismo, te sentirás agusto
Si te sientes bien contigo mismo, te sentirás agusto

Sentirse bien, al fin y al cabo, es estar agusto con uno mismo. Y ese círculo del bienestar personal se retroalimenta él solito una vez que lo activamos desde la motivación suficiente, esa que nos confiere el hecho de recoger los frutos de nuestro esfuerzo. La confianza en nosotros mismos se proyecta de inmediato sobre los demás y genera un halo de seguridad y fuerza a nuestro alrededor que nos hace sentirnos capaces de mucho más.

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