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#CloseTo Manuel Martínez Velasco: «Siempre he sabido quién era mi familia natural»

Manuel Martínez Velasco, hijo de Concha Velasco, triunfa en el cine y el teatro a un paso de que se estrene un biopic sobre su madre.

Amalia Enríquez. 10/03/2020

Nació al arrullo de los focos, con la luz de los flashes acompañándole en cada paso. Eso hizo que, a veces, se encerrara en sí mismo y su timidez acabase marcando su carácter. Desde muy pequeño, la cámara de vídeo, regalo de su abuela, se convirtió en su compañera de aventuras. Manuel Martínez Velasco hoy dirige películas y obras de teatro que son éxito en taquilla. Tras el final de ‘El funeral’, en mayo regresa con ‘La habitación de María’ que protagonizará su madre, la imprescindible Concha Velasco.

The Luxonomist: ¿Habría sido impensable que te dedicaras a otra cosa al nacer en la familia que lo hiciste?
Manuel Martínez Velasco: Pues realmente sí, porque no solo mi madre se dedicaba al cine y al espectáculo, sino porque toda mi familia, de alguna manera, ha estado involucrada en esta profesión. Yo era un niño privilegiado porque siempre estaba en camerinos, sets de rodaje, platós… Todo lo que he vivido desde el principio de mi vida ha estado relacionado con el cine. Además, mis abuelos eran muy cinéfilos. Mi abuelo Pío, el padre de mi madre, me llevaba al cine prácticamente todos los días. Cuando mis padres no podían ocuparse de mí y no había una niñera a mano, me dejaban en un cine de la Gran Vía que ya ha desaparecido, que se llamaba cine Imperial y, a la salida del teatro, me recogían y llevaban a casa. Eso es lo que siempre he vivido.

TL: Que esa pasión se convierta en tu profesión ya es distinto…
MMV: Lo mío es vocacional. Me gusta tantísimo el cine, por encima de todas las cosas, que estoy convencido de que si mis padres no se hubieran dedicado a esta profesión, yo habría acabado igualmente en ella. Desde la primera película que vi en el cine con mi abuelo, que fue El imperio contraataca, he querido dedicarme a esto. Me convertí en un fanático del cine, sobre todo del americano comercial y palomitero.

TL: Y ya no te imaginas haciendo otra cosa…
MMV: No, ni tampoco dedicándome a otra cosa que no esté relacionada con esto. En la radio y en la tele, como bien sabes, hablo de cine desde hace muchos años y es lo que más me gusta del mundo.

TL: Cuando dices en casa que ésta va a ser tu vida, supongo que fue un alegrón…
MMV: La verdad es que sí. Mi abuela, con una paga extraordinaria que tuvo, me regaló una cámara de vídeo cuando yo era muy pequeño. A partir de ahí, me empecé convertir en el cámara oficial de la familia. Mi padre rodaba muy mal, así que un día le cogí la cámara, empecé a rodar yo y hacía los vídeos caseros de los cumpleaños como si fueran películas, los editaba y les daba un cierto sentido como dramático (risas). Si en un viaje no pasaba nada, le decía a mi madre “mira para allá y hazte a la idea de que viene un malo con un cuchillo”. Y esos viajes se convertían como en mini películas. Luego, con 8-10 años ya empecé a rodar pequeñas películas con mis amigos del cole y del barrio. Tengo que reconocer que son muy malas pero, lo que me gustaba hacer era rodar y rodar todo el rato.

 

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«Mi madre depende emocionalmente de mí y yo de ella»

TL: Pregunta inevitable. Llegado el momento de hacerte profesional de esto, ¿te ayudó o perjudicó ser hijo de…?
MMV: Es una respuesta siempre complicada, te podría decir que un 50%. Te beneficia porque conoces a muchísima gente. Desde muy niño he visto pasar por mi casa a gente muy conocida e importante, amigos de mi madre, gente que la quiere mucho… pero no somos intocables, también hay gente a la que le caemos mal. Los hijos de las personas conocidas heredamos los afectos de quienes las quieren, pero también los odios. Nadie es querido por todo el mundo. Yo tengo la suerte de que mi madre es la mejor actriz de España, una persona muy muy querida pero que también tiene personas que, por las razones que sean, le tienen manía. Eso desgraciadamente también lo heredamos nosotros. Al final es un mundo muy complicado. Conoces a mucha gente, pero es más difícil que te den la oportunidad porque «la sombra del ciprés es alargada».

Hay gente que cree que me conoce porque mi madre es muy famosa, pero en el fondo no me conocen ni personal ni profesionalmente. Hay algunos que no pasan del escaparate y no dicen «a ver, espera un momento, vamos a entrar de verdad en esta tienda y ver qué hay más allá del mostrador. «¿Este Manuel, como persona independiente, exactamente qué…?» Pero no pasa nada, he de hacer más esfuerzo y me lo tomo como un reto. Lo cierto es que nunca, en ningún momento, he querido tener un tipo de privilegio, sería ridículo e injusto. Yo siempre fui un alumno muy aplicado, en la universidad quedé primero y en la Escuela de Cine segundo. He sido un empollón, me encantaba estar encerrado en mi habitación estudiando con John Williams de fondo musical…

TL: ¿No ser un privilegiado para evitar los comentarios?
MMV: Yo era un alumno más, que me apellidaba Martínez y no creo que las buenas notas me las dieran por ser el hijo de Concha Velasco. Luego sí es verdad que existe la presión, la responsabilidad y todo lo que haces lo miran con lupa. Mi madre es la mejor actriz de este país, yo no voy a ser el mejor director de este país pero, de alguna manera, siempre está el foco puesto en que “este chaval tiene que hacer algo grandísimo mañana” para seguir con esta saga. Eso es imposible, eso no se va a dar. Mi madre tuvo un toque divino con un talento espectacular. No se dedicaba a esto, era hija de un militar y de una maestra republicana. Ella tenía un talento para cantar y bailar que, por desgracia, no se hereda. Hay mucha presión sobre los que somos hijos de personas conocidas, así que no solo tenemos que estar a la altura, sino que tenemos que demostrar que somos iguales o mejores.

TL: ¿Frustra si no lo consigues?
MMV: Es que es muy difícil lograrlo. Mira, con El funeral (la obra que acabamos de terminar) hemos tenido un gran éxito de público, se han llenado los teatros y, obviamente, también ha habido gente a la que no le ha gustado. No era una función personal, era un encargo. Después de que mi madre viniera de hacer muchos dramas muy seguidos, se me pidió hacer una comedia popular para ella, una obra en la que Concha Velasco hiciera una versión exagerada de sí misma. Hubo mucho foco crítico en esa función y, si no fuera firmada por el hijo de la actriz, no dirían muchas cosas que algunos dijeron. Pero ya se me advirtió, ya se me dijo que esto iba a pasar. Asumí el riesgo, entendí las razones porque me las explicó alguien que sabe de esto mucho, y tiramos para adelante con el proyecto, siempre muy orgullosos del mismo y muy consecuentes con él.

TL: Con todo y con eso… ¿tienes la sensación de haber cerrado bocas?
MMV: A mí no me gusta nunca enfrentarme a nadie. Los números que se hicieron están ahí, no engañan y estamos muy contentos con los resultados. La obra iba dirigida a un target muy determinado y ha sido un éxito entre es gente. El encargo que se me hizo ¡ha funcionado! Hubo gente a la que no le ha gustado porque querían ver a la actriz en otro drama, pero ella no quería. Es como los futbolistas que, como bien sabes, cambian de equipo cuando creen que han cubierto una etapa. Mi madre pidió un cambio, quería una comedia loca y disparatada… Y es lo que hicimos.

 

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«Sé que todo lo que escriba para mi madre, lo va a hacer bien»

TL: Ahora, de nuevo, cambias el registro con la nueva propuesta…
MMV: En mayo estrenamos La habitación de María. No me la ha pedido nadie. El verano pasado estaba especialmente triste y me puse a escribir un monólogo, en plan terapia. En él, la protagonista es una señora de ochenta años, pero que está basada en mí. Isabel Chacón, que es como se llama el personaje, es una mujer que lleva encerrada en su casa 43 años, que son los que tengo yo. El día de su cumpleaños pasa algo… Es una función que comienza muy dramática, pero que tiene un toque muy vitalista y optimista. Es un monólogo dramático-optimista.

TL: Y no lo dirigirás tú…
MMV: No, lo hará José Carlos Plaza. Llevaba tiempo queriendo trabajar con mi madre, después de haberlo hecho varias veces juntos, y estaba buscando un proyecto con ella. Les dije que tenía este monólogo y les encantó. No me lo ha encargado nadie, así que no implica la responsabilidad de la función anterior.

TL: Pero hay mucho de ti…
MMV: Tiene muchísimo de mí, soy yo. ‘El funeral’ tenía mi humor tonto y absurdo, nada más. Era una gran broma disparatada, caótica, naif y blanca. A mí me hace gracia el humor que no se mete con nadie, el que no señala a nadie en particular, el que no personifica. Me gustan las comedias de situación general, no de ridiculización particular.

TL: Sin pretenderlo… ¿en este momento estás homenajeando a tu madre con estas funciones?
MMV: Sí, rotundamente. Cuando escribo para ella, lo hago siendo consciente de una inmensa suerte porque sé que todo lo que yo escriba, ella lo va a hacer bien. Ella es la actriz más completa. Escribas lo que escribas tienes la tranquilidad de que lo va a bordar, ya sea comedia, drama, terror, musical… Todo lo va a pillar al momento, porque es una mujer extremadamente inteligente, que es lo que más admiro de ella. Todo lo que hago con mi madre son homenajes a ella porque son enormes vehículos de lucimiento. Cada vez que escribo una frase me digo “qué bien lo va a hacer, qué bien va a estar.

 

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«Mi madre conoce muchas cosas de mi vida, pero no todas»

TL: ¿Va a ser tu terapia a través de ella?
MMV: Sí, exacto. El personaje de Isabel Chacón, que es una escritora que ha tenido mucho éxito y ganado el premio Planeta, vive encerrada en su casa. Vive en un ático, en un rascacielos y tiene agorafobia. No sale de casa desde hace cuarenta y tres años por una cosa que le pasó. Es el MacGuffin de la historia.  La obra está contada en tiempo real, son 90 minutos en la vida de esta persona en los que todo ‘puede cambiar por un golpe de suerte’. Todo lo que habla ese personaje es lo que pienso yo de muchas cosas de la vida.

TL: ¿Cómo verbaliza tu madre tus pensamientos?
MMV: La verdad es que estamos muy compenetrados siempre. Mi madre depende emocionalmente de mí y yo también de ella. Somos muy buen equipo, nos entendemos muy bien. Sabemos lo que nos pasa en cualquier momento y nos llevamos muy bien. Básicamente somos la misma persona.

TL: Imagino que eso le hará sufrir más al interpretar tus emociones…
MMV: Supongo que sí porque a mis mejores amigos yo les cuento todo, a mi madre también… pero de otra forma, siempre hay algo que te quedas. Mi madre sabe muchas cosas de mi vida, pero no conoce todas. Si me dan un golpe con el coche, no se lo cuento para que no se preocupe hasta que el coche no está arreglado, o si una chica me gusta pero no me hace caso no lo hablo con ella sino con mi mejor amigo, lógicamente. A esto me refiero. No soy de los que piensa que tus padres tienen que ser tus mejores amigos. Mi madre es mi madre, no mi mejor amiga. Con ella tengo una relación de madre-hijo perfecta y maravillosa, pero no de amiga.

TL: ¿Cómo te has quedado tú después de “expulsar” todo lo que llevabas dentro?
MMV: Cuando escribes y terminas, te quedas muy a gusto. Lo que no quería es que esto de ‘La habitación de María’ se quedara en un cajón. Mi mayor alegría fue llevársela a mi madre. Si a ella no le gustaba, no habría función. Mi madre hace las cosas que le gustan, no porque se las lleve su hijo. Y nuestro productor, Jesús Cimarro, tampoco, claro. Se la entregué primero a mi madre para que la leyera y le di su tiempo. Pasaron tres o cuatro horas, no me llamaba y no sabía qué estaba pasando. A las cinco horas, mi madre (a la que le cuesta leer porque es mayor y tuvo desprendimiento de retina) me llamó llorando. “Esto es una maravilla”, me dijo. Lloró mucho durante dos días.

 

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«El tema de mi padre es un secreto a voces del que nunca he hablado»

TL: Y a través de tu texto se enteró de muchas cosas tuyas…
MMV: Sí, seguramente, pero cuando empecemos a ensayar, saldrán más cosas. Lo que pienso del amor, de la soledad, de la maternidad o la paternidad, de la amistad, de la familia, de la lealtad o la traición, de la disciplina autoimpuesta cuando te dedicas a escribir, de mis manías cotidianas (que son las de su personaje)… Lo que sí tenía muy claro en esta ocasión es que no quería dirigirla. Será José Carlos Plaza quien lo haga y será una experiencia enorme de aprendizaje para mí. Con él he pulido el texto y ha quedado infinitamente mejor que el que yo presenté. Lo único que voy a hacer yo son los vídeos que se proyectarán en la tele de la protagonista, que está siempre encendida y es su única ventana al mundo.

TL: Se ha anunciado una serie sobre la vida de tu madre…
MMV: Sí. Es un proyecto que llevábamos con discreción, pero se filtró, y por eso hablo de él ahora. Es algo que nos ilusiona mucho, ojalá salga, y, como están tan de moda los biopics, queremos que sea muy de verdad, con respeto y cariño hacia todo el mundo del que hablemos. Se han hecho muchos programas contando la vida de mi madre, algunos bienintencionados y otros no tanto. La vida de mi madre es la historia de España desde el punto de vista del espectáculo. Mi madre tiene 80 años y, desde niña, bailaba encima de las mesas para que los militares le tiraran monedas y, con lo conseguido, pudieran comer mis abuelos. Ella lleva sosteniendo a muchas familias desde hace muchísimo tiempo. Es una gran serie que pasa por diferentes etapas políticas, sociales y culturales de este país. Queremos contar muchas cosas y no escondernos de nada, ni de nadie. Tocar todos los temas con el mayor de los respetos, porque no tenemos nada que ocultar.

TL: ¿El capítulo más delicado será…?
MMV: Sin duda alguna, en el que se hable del tema de mi padre porque, desde hace tiempo, últimamente más, no sé por qué, es un tema recurrente. Y a veces me cansa leer tantas cosas. Y me duele. A mí me encantaría dirigir este capítulo, el capítulo en el que nazco en 1976, el capítulo en el que una gran y querida actriz tiene de soltera a su primer hijo con todo el amor del mundo y sale en todas las portadas de la época. Los productores ya lo saben, pero no está nada decidido. Y me gustaría hacerlo porque es un tema que me atañe directamente. Es un secreto a voces del que nunca he hablado, aunque mucha gente sí lo haga.

Yo me llamo Manuel Martínez Velasco, que es el nombre que tengo en el DNI y en el Libro de Familia. Cuando Paco Marsó falleció, hace diez años, un poco tiempo después en un estreno de cine, un periodista me preguntó cómo llevaba el hecho de que mi padre (Paco) no fuera mi padre. En esa situación, en un photocall, nadie está preparado para que le pregunten si tu padre no es tu padre, con un montón de cámaras además y de flashes apuntándote. La verdad es que di una serie de respuestas que podrían parecer un poco ambiguas, porque le dije que para mí no había diferencia entre biológico y no biológico.

 

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«Paco Marsó fue un padre espectacular»

TL: ¿Y no pasó de ahí?
MMV: Al día siguiente se publicaron titulares diciendo que yo por fin había revelado tal y cual. Y no fue así. Me quedé sorprendido, pero lo dejé correr. No era el momento, tenía conversaciones pendientes con personas de mi círculo más íntimo y acabábamos de enterrar a un hombre estupendo, necesitábamos calma después de la tempestad. Mi madre me tuvo soltera y hubo un señor maravilloso, que se llamó Paco Marsó, que fue un padre espectacular. Cuando la gente se mete con él (entiendo que puedan hacerlo aquellos con los que se haya podido portar mal) me duele porque fue un padre maravilloso y ejemplar.

Era el señor que me llevaba al cine a ver Cazafantasmas de niño, el hombre con el que yo hacía los deberes en casa, el que me llevaba a la Feria del Libro a comprar tebeos de Astérix, el que me enseñó a montar en bicicleta. Fue un PADRE. Decir si era mi padre o no… Si hay que cambiar la palabra MI por UN, no me importa. Fue un padre y yo voy a referirme a él siempre como MI PADRE. Se llamaba Paco Martínez Socías y por eso me llamo Manuel Martínez Velasco. Este señor fue con mi hermano Paco y conmigo un ser maravilloso, generoso, simpático, con una personalidad arrolladora que tú conociste, el mejor anfitrión, espléndido y buena persona. Pero, de verdad, que fue un hombre espectacular, le quiero y le echo de menos, y a mí me gusta referirme a él como MI PADRE.

TL: ¿La gente no lo entiende?
MMV: Yo no comprendo que haya gente que no entienda esto tan personal, tan mío. A estas alturas de la vida, no tengo que presentar pruebas de ADN ante nadie. Este hombre fabuloso lleva diez años muerto y puedo referirme a él como quiera.

TL: ¿Tú sabes quién es tu padre… natural?
MMV: Por supuesto que sí. Hay gente maravillosa en mi vida que se merece que les tenga un respeto y preserve su anonimato, porque están en mi vida. Es gente de mi sangre, que siempre ha estado conmigo cuidándome, queriéndome, apoyándome… conmigo. Siempre me he sentido muy protegido porque, cuando nací en el año 76, no era el año 2020. Era una época en la que ser madre soltera era algo muy complicado, muy difícil. No hacía ni un año que se había muerto Franco. El padre de mi madre era militar, una persona muy reservada y muy conservadora. Con los años, en la hemeroteca, he leído algunas cosas que se escribieron y he alucinado, porque no eran ciertas.

 

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«Por supuesto que sé quién es mi padre ‘natural'»

TL: Hay que poner todo en contexto, sin duda…
MMV: Una vez pasó una cosa en mi vida en la que dije “qué maravilla”. Solo podía reconocer la suerte que tenía, porque había encontrado a unas personas con las que tenía mucha afinidad. Con el tiempo supe por qué, eran mi sangre, pero es gente que merece el anonimato, merecen lo que ellos quieran como ellos quieran, y es algo suyo que yo defenderé a capa y espada. También te digo que no creo en los lazos de sangre por encima de todas las cosas, porque hay parte de mi familia con la que me llevo muy bien y otra que son como desconocidos. Como todo el mundo, supongo. A mis mejores amigos, con los que no tengo ningún lazo sanguíneo, les llamo ‘mis hermanos’. Me gusta esa palabra cuando alguien está muy presente en tu vida, cuando son tu día a día.

TL: ¿Conoces a ese padre anónimo que es tu sangre?
MMV: Por supuesto que sí, siempre hemos tenido contacto, sé quiénes son mis hermanos de padre y de madre, y soy muy feliz con ellos. Paco, mi hermano, además es mi vecino, le oigo hasta estornudar desde mi casa. Son las personas más maravillosas del mundo, junto con mi madre. Todo lo hemos hecho siempre por mantener la unidad y la coherencia familiar en un mundo, como es el nuestro, muy complicado, muy expuesto a las opiniones. Nosotros trabajamos por y para el público, es nuestra máxima prioridad: entretenerles, divertirles, agradarles. El público en nuestro oficio es sagrado. Pero luego, de puertas para dentro, cada uno tiene su vida, y yo tengo la suerte de estar rodeado de personas extraordinarias a las que amo, siempre la he tenido, con las que no viene al caso entrar en más valoraciones semánticas. Son los mejores.

TL: Tu madre lo hizo bien, nunca te ocultó la verdad.
MMV: Lo hizo muy bien. Siempre lo «supe».  Lo entendí cuando pude entenderlo. Siempre tuvimos muy clara la importancia del respeto a Paco Marsó, y el respeto, cariño y anonimato de este hombre, al que quiero muchísimo muchísimo muchísimo, y a una unidad familiar que solo nos atañe a nosotros.

 

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«Me metería a mí mismo en una máquina del tiempo»

TL: Cuando vuelves la vista atrás… ¿Cuál es ese recuerdo recurrente que te viene a la cabeza?
MMV: Estar siempre en el cine. Cuando nos fuimos a vivir a La Moraleja, te acordarás que en la parte de abajo del chalet teníamos una sala de cine maravillosa. Mis mejores recuerdos son estar con mis amigos en ese cine y estar todo el día viendo películas. Mis recuerdos más bonitos están ligados siempre con el cine y con mi familia, en los viajes tan espectaculares que hacíamos, nuestros veraneos en Formentor.

TL: Si fuera posible, ¿volverías a repetir todas y cada una de las cosas que has hecho?
MMV: No. A mí me gustan mucho las películas de viajes en el tiempo y, como sé que es imposible porque sería ciencia ficción, hay muchas cosas que no haría igual. Me arrepiento de cosas, no muchas, porque si hice algo en un momento determinado de una manera, sería por algo. Si volviera a repetir mi vida, al final sería prácticamente igual.

TL: ¿A quién meterías en una máquina del tiempo?
MMV: A mí… para poder disfrutar de cosas que no disfruté en determinados momentos por exceso de presión. Creo que muchas veces me he cargado de más responsabilidades de las que tenía que haber asumido. Me ha forjado mucho mi carácter el haber nacido en la familia que tengo. Desde pequeño era ya hijo de una persona muy muy conocida y eso ha hecho que yo sea muy tímido y muy reservado, pero también muy sincero. Yo llevo una vida muy tranquila primero porque es mi forma de ser, pausada y calmada, y segundo porque le debo un respeto a mi familia y sobre todo a Concha Velasco. He dejado de hacer muchas cosas por miedo a ser reconocido, lo que hace que vivas la vida con menos libertad. Me gusta pasar desapercibido.

 

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«Mi madre nunca me ocultó «la verdad»»

TL: ¿Qué es lo que más te ha hecho daño de lo que han dicho de ti?
MMV: Muchas cosas familiares. De mí realmente no han dicho nada malo, porque creo que no había motivos ya que no he hecho mal a nadie, al menos conscientemente. Y si lo he hecho, pido perdón, cosa que hago constantemente, me perdonen o no, como también hago yo cuando considero que un daño es irreparable. Y no pasa nada, la vida sigue. Lo que me ha dolido es que hablen mal gratuitamente de ciertas personas que no han hecho nada malo a quienes hablan. Alguna vez sí que ha habido alguna injusticia, es normal con tanta exposición mediática. Que mi madre sea como yo, sincera y extremadamente transparente, no quiere decir que nuestra casa tenga las paredes de cristal y que se pueda hablar tanto de ciertas cosas que no atañen al resto del mundo.

Ha habido comentarios gratuitos que a mí, que soy tal vez demasiado sensible y me afecta hasta el vuelo de una mosca, me dolieron, o me duelen, mucho cuando no vienen a cuento. Pero la verdad es que esto son excepciones, que son las que duelen, cuando por algún motivo nos ponemos de cierta actualidad por algún hecho puntual. Por norma general se nos ha tratado siempre muy bien, con mucho cariño y mucho respeto. Ese cariño y ese respeto son recíprocos, y espero que sigamos siempre así. En el fondo somos unos privilegiados. Unos trabajadores infatigables, pero hemos tenido mucha suerte, la seguimos teniendo, y solo tenemos palabras de gratitud. Lo notamos en la calle en nuestro día a día con la gente que se nos acerca porque nos quiere (yo le hago a mi madre entre 5 y 10 fotos diarias con sus admiradores cuando salimos juntos, no le decimos que no a nadie); y con muchísimos periodistas, tú entre ellas, que por encima de todo eres nuestra amiga.

*Localización: Telemadrid

*Próxima semana: Ángel Llácer

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