¿Qué queda del espíritu de Barcelona 92´?

Ataque de nostalgia 25 años después de los Juegos Olímpicos en la Ciudad Condal. ¿Debería la política seguir los pasos de las Olimpiadas?.

Icono de fecha 31 Jul 2017 Icono de autor Sandra Barneda
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Esta semana, los medios han decido rememorar a gusto, para muchos en exceso, las mieles pasadas de Barcelona 92´.  Por aquel entonces, no había cumplido la mayoría de edad y estaba a las puertas de comenzar la carrera de Periodismo. Con los años, debo confesar que el recuerdo de aquel verano se lo llevó un amor furtivo con un italiano en Ibiza, ¡una aventura de las clásicas que no olímpicas! Pero más allá de mis recuerdos personales, no quisiera yo ser menos y dejar de homenajear uno de los acontecimientos mejor ejecutados y rentabilizados como fue Barcelona 92´.

Ceremonia de apertura Barcelona 92´

A ver si con este multitudinario ataque de nostalgia, Cataluña y el resto se hermanan de nuevo y  la tormenta llamada referéndum, que amenaza más que nunca la península, se aleja con los nuevos vientos.  No peco de ingenua y, ya en la universidad me enseñaron que el juego de la política tiene poco de olímpico, cuyo lema es -‘Citius, altius, fortius’– que significa “más rápido más alto y más fuerte” y es una llamada a los atletas a que se esfuercen por la excelencia personal en todo lo que hacen.  Lo triste es que aunque nada tenga que ver, muchas veces, si no todas, se ha mezclado.

Gretel Bergman, atleta alemana

Primero voy a lo olímpico: esta semana ha muerto Gretel Bergman, la atleta alemana cuya participación en los juegos de Berlín 1936 fue prohibida por su origen judío. Ella, en aquel tiempo era una de las mejores saltadoras de altura del mundo y aspiraba a hacerse con la medalla de oro, pero poco importó. Emigró a los Estados Unidos y salvó su vida como la de tantos otros cientos de miles que dejaron su Alemania natal.

Nunca, nunca, nunca voy a olvidar lo que hicieron los nazis”, señaló el año pasado. “Odié a Alemania, a las personas e incluso al idioma por lo que me hicieron a mí y al pueblo judío”. Prometió no regresar nunca más a Alemania, pero lo hizo, primero en 1999 y luego en 2012, cuando ingresó en el salón de la Fama de la Fundación Alemana para el Deporte. Se reconcilió con su país y con su idioma y, su país con ella. Su historia fue llevada a la pantalla  y su nombre figura desde 2014 en una de las calles aledañas al Estadio Olímpico de Berlín.

Miriam Blasco en la final de judo en Barcelona 92

Me ha emocionado su historia, como también la de nuestra primera campeona olímpica de judo, oro en Barcelona 92´, Miriam Blasco. Otro caso donde la política y el deporte se han juntado, pero con un regusto ciertamente amargo. Ese oro representó su éxito profesional y el inicio de una historia de amor digna de llevar también al cine: la de su mujer, Nicola Fairbrother, contrincante en esa final olímpica con la que lleva 25 años de relación.

Una preciosa historia que, si no hubiera sido por la política, nadie le hubiera puesto un punto agridulce. Blasco fue senadora por el PP y por la ley de partidos donde no se permite en voto personal, votó en contra de sus convicciones. De abstenerse, como lo hizo la ex ministra Celia Villalobos, hubiera sido igual que ella, sancionada. Quiero pensar que Blasco no se atrevió a hacerlo, ni a vivir su vida con libertad por, en su caso, no raza sino condición sexual.

Nicola Fairbrother y Miriam Blasco en la final de judo en Barcelona 92´

Hace año y medio dio el paso casándose con Nicola y quiero pensar que se habrá arrepentido en más de una ocasión de no haber hecho como mínimo una abstención.  La política debería seguir los pasos de las Olimpiadas y aspirar a la excelencia para no encontrarnos con falta de libertad de voto individual más allá de las directrices del partido, ni planteamientos de acciones extremas que no puedan resolverse con diálogos dispuestos por todos los bandos implicados. Pasados 25 años de Barcelona 92´ me pregunto, ¿qué fue de mi ligue italiano? Y, sobre todo, ¿qué queda del espíritu de Barcelona 92´?.

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