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La lucha por la igualdad salarial llega a los Oscar

Patricia Arquette lo dijo muy claro: las mujeres cobran menos. Le llovieron los aplausos pero también las críticas. Incomprensibles y desafortunadas.

Dori Toribio. 26/02/2015
Los discursos también pueden mellar nuestra autoestima
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Patricia Arquette durante su discurso

La actriz Patricia Arquette revolucionó la gala de los Oscar cuando, al recoger el galardón a la Mejor Actriz por su papel en Boyhood, incluyó en su discurso de agradecimiento un rotundo alegato por la igualdad social y salarial: “A todas las mujeres que han dado a luz y pagan sus impuestos, ha llegado el momento de tener el mismo salario y los mismos derechos para las mujeres en Estados Unidos». El glamuroso auditorio respondió con una profunda ovación, marcada desde las primeras filas por el apasionado aplauso de Meryl Streep, junto a Jennifer López, redimensionado al instante por las redes sociales.

Éste se ha convertido en uno de los grandes momentos de la gala de los grandes premios del cine. Y pese a la claridad meridiana de su mensaje, en el que Patricia Arquette insistió después en rueda de prensa, días después ha tenido que salir al paso de las críticas. Algunos le acusan de lanzar un titular político en el lugar menos oportuno. Parecen olvidar que la gala de los Oscar reúne por una noche a los grandes de Hollywood. Y que hace sólo unas semanas salieron a la luz los correos electrónicos de Sony, en los que se filtró que actrices como Jennifer Lawrence o Amy Adams cobraron menos que sus coestrellas.

Meryl Streep y Jennifer López durante el discurso de Patricia Arquette
Meryl Streep y Jennifer López durante el discurso de Patricia Arquette

Patricia Arquette escogió el foro más adecuado posible para insistir en la todavía pendiente igualdad salarial, ante directores, actores, ejecutivos, académicos y una audiencia mundial. Sus palabras no resultaron fuera de lugar, ni de tono, en una de las galas de los Oscar más reivindicativas que se recuerda. Con discursos que inmortalizaron la lucha contra el racismo, por los derechos homosexuales, el Alzheimer o una encendida defensa de la inmigración como base histórica de Estados Unidos.

Otras críticas reprochan a la actriz que defienda la igualdad salarial desde su tribuna de “mujer blanca”. Patricia Arquette pidió igualdad para TODAS las mujeres. De cualquier color, edad, sector y origen. Y teniendo en cuenta que las más afectadas por la brecha salarial son las que pertenecen a las minorías, como en tantas otras injusticias sociales, es obvio que están incluidas en el mensaje. Un mensaje que además no es nuevo, ni le pertenece en exclusiva.

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El presidente de Estados Unidos está inmerso en una campaña política por elevar el salario mínimo, uno de cuyos ejes pasa por demandar al Congreso igualdad salarial entre hombres y mujeres por ley. Sin olvidar la incansable tarea de organizaciones, sindicatos, colectivos, personas anónimas… Esta es una lucha de muchos. Por el bien de todos. Como recuerda cada año el informe de la OIT, que plasma una brecha salarial que oscila entre el 10% y el 30% en los 83 países del mundo en los que existen datos.

Es cierto que al discurso de Patricia Arquette se podría añadir, ahora que se acerca el 8 de marzo, que esta es una batalla de todas las mujeres del mundo, no sólo de Estados Unidos. Y que la desigualdad de género tiene muchas formas y grados en los distintos escenarios globales. Desde la salarial a la educativa. Desde la discriminación a la violencia. Algo que muy posiblemente ella sepa de sobra. Decidió centrarse en lo que se centró. Y punto.

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El actor luciendo la camiseta de la fundación Fawcett Society con el slogan “This is what a feminist looks like”.

Patricia Arquette aprovechó los breves segundos de discurso que le regalaron en una de las noches más importantes de su vida, para lanzar un mensaje dirigido a derribar un muro que limita a todas las mujeres de este mundo. De la misma manera que otros artistas deciden utilizar el escaparate mediático al que están continuamente expuestos para avanzar en la misma dirección. Desde la carta por la igualdad publicada por Beyoncé, a su empeño por desterrar la connotación negativa del feminismo, a la sólida campaña de Naciones Unidas He for She de la que la actriz Emma Watson es brillante embajadora o las camisetas rescatadas por la revista Elle que han estado luciendo ciertos actores, como  con el slogan de la histórica fundación Fawcett Society: “This is what a feminist looks like”.

Curioso que todos suelen recibir el mismo tipo de críticas puristas, que les reprochan no representar el verdadero espíritu del feminismo. Cuestionan sus formas y oportunismo. Y sorprendente que muchas de estos acalorados ríos de tinta estén firmados por mujeres. Es incomprensible. La lucha por la igualdad tiene todavía mucho camino y sudor por delante. No conviene tirar piedras contra el propio tejado. Ni excluir otras voces. No sobra ningún discurso. Ningún esfuerzo es en vano. No hay categorías de gladiadores. Esta lucha nos pertenece a todos por igual. A los hombres, que deben exigir igualdad para sus madres, hermanas, esposas e hijas. Y a las mujeres, que comparten el mismo objetivo. Porque como dijo la exsecretaria de Estado de Estados Unidos, Madeleine Albright: “Hay un lugar especial en el infierno para las mujeres que no ayudan a otras mujeres”.

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