Protagonistas

El apodo de Meghan y otras extravagancias de Carlos de Inglaterra

Viaja con su propio papel higiénico y algunos cuadros de motivos escoceses... para sentirse siempre como en casa.

Josep Sandoval. 10/09/2018

Todo parece indicar que el príncipe Carlos de Inglaterra está destinado a no reinar nunca. Su excelsa madre, la todopoderosa y longeva reina Isabel II, a sus 92 años y 66 al mando del país, no parece estar dispuesta a renunciar al trono. Hay quien da por sentado que la corona iría a parar a manos de su nieto, el príncipe Guillermo, primogénito de Carlos y la desaparecida Diana de Gales, que a sus 36 años supondría un salto generacional si Su Graciosa Majestad decidiera que heredase el alopécido marido de la exquisita Catalina Middleton.

De momento, según recoge el libro ‘El príncipe rebelde: el poder, las pasiones y los desafíos del príncipe Carlos’, que firma Tom Bower y tiene un notable éxito de ventas en el Reino Unido, si los hados no se pronuncian contra lo establecido y finalmente Carlos sucede a su eterna mamá, lo primero que haría sería cambiarse el nombre. Según recoge ‘People’, que cita a un portavoz de la reina, el heredero legal dejaría de ser Carlos III para utilizar cualquiera de sus otros apelativos: Philip, Arthur o George, que es el que probablemente elegiría.

En el libro de Tom Bower se desvelan varias excentricidades del príncipe Carlos

Así Carlos sería George VII por su abuelo, el rey George VI, que se llamaba Albert Frederick Arthur pero se decantó por George en honor a su difunto padre. El príncipe de Gales justificaría el cambio como muestra de respeto a su abuelo y en reconocimiento a su querida madre. Este cambio podría ser una de las veleidades de Carlos, cuya lista de caprichos, traducidos como primeras necesidades, es interminable. Fuentes cercanas a su entorno han desvelado algunas de ellas.

Por ejemplo, uno de sus amigos de quien él y su esposa Camilla aceptaron una invitación para pasar un fin de semana, se vio sorprendido con la llegada previa de dos camiones. Para recrear un tanto la decoración de su residencia y no sentirse extraños, habían enviado algunos cuadros con motivos escoceses y elementos decorativos varios, así como la cama ortopédica que utiliza Carlos, y por supuesto varias botellas de su whisky favorito, aguas minerales y, en el colmo, algunos rollos de papel higiénico que se utilizan en los baños de palacio.

Charles y Camilla envían una lista con sus alimentos favoritos a quien les invita a comer. Foto: Página oficial del Príncipe de Gales

Esta excentricidad no es única, tiene varias ramificaciones en tono más distendido. Así, cuando les invitan a un almuerzo o a una cena, tanto el príncipe de Gales como la duquesa de Cornualles facilitan al anfitrión una lista con sus alimentos favoritos y otra con los que no soportan. Hay quien se pregunta si estas exigencias se traducen también en su ámbito familiar, y sale a colación en primer lugar cuál es el trato que tiene con su reciente nueva nuera, Meghan Markle.

Convencido de que es lo mejor que le ha podido pasar a su hijo Enrique, no duda en volcarse con ella y ofrecerle toda clase de apoyos. Todos reconocen su soporte a la “Tungsteno”, como Carlos llama a Meghan, equiparándola a la dureza de este metal por el tesón con que afronta los desmanes de su propia familia.

El príncipe Carlos acompañó a Meghan hasta el altar en ausencia de su padre

Y ponen como ejemplo de ello el gesto que tuvo de cederle su brazo para acompañarla hasta el altar ante la ausencia del padre de Meghan, aquejado de una inesperada dolencia cardíaca tras algunos pactos con la prensa para conseguir dinero con absurdas y banales exclusivas tras las que se ha disculpado temiéndose posiblemente lo peor si no cambiaba de actitud. 

*Foto de portada: Web oficial del Príncipe de Gales.

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