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#CloseTo Ángeles Blanco: «Me habría gustado ser actriz, cantante y bailarina»

Ángeles Blanco acaba de publicar “Los dos viajes de Evita” y reconoce que durante la creación del libro tuvo un cierto rechazo por el personaje, pero luego Eva Perón la acabó conquistando.

Amalia Enríquez. 11/06/2019

Es de esas personas que gana muchos enteros en la distancia corta. Es abierta, pizpireta y con una vitalidad contagiosa. Aunque su informativo, en los fines de semana de Telecinco se permite algunas licencias, Ángeles Blanco no puede dar rienda suelta a toda la espontaneidad de la que es dueña. Llevábamos tiempo diciendo que teníamos que vernos, así que la publicación de su libro “Los dos viajes de Evita” era la disculpa perfecta para no retrasar más el encuentro.

The Luxonomist: Has tenido que escribir un libro para cumplir con nuestra eterna promesa…
Ángeles Blanco: Nos ha costado pero ¡aquí estamos!, pero más me llevó escribir el libro (risas).

TL: Es un consuelo…
AB: Piensa que, como no es una novela, no es sentarse y ponerse a inventar. Me llevó mucho tiempo la documentación. El trabajo real fueron dos años, pero el trabajo previo me llevó a entusiasmarme por un personaje y leer sobre él, solo para mí, sin la intención de escribir. Lo demás, ya es la consecuencia del interés por Eva Perón, en mi caso.

TL: ¿Era una asignatura pendiente escribir un libro?
AB: Yo había escrito ya un libro a medias, pero no es lo mismo. No tiene nada que ver hacerlo sola y, además, era un tipo de libro muy diferente. A mí me encanta la novela histórica, aunque me parece un género complicado. Cuando surgió la oportunidad de escribirlo, contuve la respiración, me dio mucho vértigo, pero tenía muchísimas ganas. Me apetecía muchísimo.

TL: ¿Por qué este personaje? ¿Por admiración, curiosidad?
AB: Como le habrá ocurrido a mucha gente, yo oía hablar de ella en mi casa. Sabía que había venido a España y conocía de ella lo que la mayoría, pero sin más. En 2008, en un viaje de vacaciones a Argentina con unos amigos. Me cuentan en Buenos Aires, delante de un edificio horroroso, que en su segunda planta estuvo el cadáver de Eva Perón embalsamado, durante casi tres años, y ahí le hicieron de todo. Me quedé alucinada con la historia y, cuando volví a España, quise saber qué era ese “de todo”. Empecé a leer y me di cuenta que aquí este tema no se conocía. Unos años después, cuando surge la oportunidad de escribir un libro, le cuento este tema a la gente de la editorial y, curiosamente, me dijeron que llevaban mucho tiempo pensando que nadie había escrito sobre ella aquí.

Ángeles Blanco acaba de publicar su libro “Los dos viajes de Evita” (Foto: Twitter @FLMalaga)

TL: Tu oportunidad en bandeja…
AB: La verdad es que fue un personaje realmente fascinante y bastante desconocido aquí. Además es tan completo, tan complicado, tan difícil, admirado y odiado. Evita es un personaje que no tiene grises y que, con el paso de los años, se ha convertido en un mito. La imagen que hay ahora es la de la Evita de los descamisados, de la ayuda, que era la herencia que ella quería que trascendiera. Ella quería pasar a la historia como la líder de los descamisados y lo consiguió pero, en vida, !cuidadito! Y en su muerte también. Tenía guasa la señora.

TL: No olvidemos que tuvo que sobrevivir en un mundo de hombres…
AB: La verdad es que tuvo un mérito increíble porque, en los tiempos en los que estamos, aún tenemos que decir algunas veces “oye, perdona, que estoy aquí”. Murió con 33 años, así que luchó por el posicionamiento de la mujer siendo muy joven. Al margen de su papel como “mujer de”, me gusta destacar que ella no fue política, no fue elegida, no tenía un cargo ejecutivo. Ha trascendido que la que tomaba las riendas de algunos asuntos e, incluso las decisiones, era ella.

TL: Nunca quiso ser un adorno al lado del marido…
AB: Jamás, por supuesto que no. Evita lo que quería era ser actriz de Hollywood. Desde muy pequeña, ese fue su deseo. Nació en un pueblo pequeñito, cerca de Buenos Aires, y lo que siempre le gustaron fueron los vestidos maravillosos y las joyas deslumbrantes. Y, al final, consiguió el mejor papel de su vida. Desde el principio, lo que tú decías, tuvo muy claro que eso de ir tres pasos por detrás del marido, era algo que no le gustaba ni estaba dispuesta a aceptar.

TL: Una feminista adelantada a su tiempo…
AB: Consiguió muchas cosas. Lo primero, lo que hablamos. Yo, por estar casada con.., no acepto ese papel de segundona. Se pringó de verdad y, en ocasiones, contra el gusto de su marido porque, en algunas cosas, se le fue un poquito de las manos. Y, luego, no nos olvidemos que Evita fue la que consiguió en voto femenino en Argentina. Otras habían luchado por ello infructuosamente, pero ella se plantó y lo logró muy poco tiempo antes de morir. Hay una imagen tremenda, durísima, de ella consumida, casi cadáver, depositando su voto en la urna, que se la llevaron al lecho de muerte.

TL: ¿Qué es lo que más te ha sorprendido de ella?
AB: Su historia, lo que pasó en vida y en muerte. Lo que más me ha sorprendido de ella, y no consigo saber el porqué, es qué tenía esa mujer para despertar tanta filias y tantas fobias para que la adoraran de esa manera e, incluso, quisieran hacerla santa y, al mismo tiempo, la odiaban tanto que, una vez muerta, le quisieran hacer barbaridades y, de hecho, se las hicieron.

 

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TL: ¿Llegaste a meterme, de verdad, en el personaje?
AB: Me ha llegado a poseer (risas). Cuando he leído cosas que hizo, he llegado también a odiarla en algunos momentos, pensando ¿pero quién se ha creído que es para hacer estas cosas? Y, en otras ocasiones, la he adorado. Supongo que me ha pasado como a todo el mundo. Tenía mal carácter, era muy déspota, muy orgullosa. Al principio tienes un cierto rechazo por el personaje, pero luego te va conquistando. Era muy contradictoria y yo creo que, metiéndome mucho en ella, era una mujer con complejos, con muchos complejos, y su carácter era una manera de protegerse.

TL: Esa bipolaridad de carácter ¿Te hizo detestarla?
AB: Pues, posiblemente, lo que detesto es lo que me divierte de ella. Hacía lo que le daba la gana y era maleducada pero, a veces, he dicho ¡pero que gracia tiene la condenada! Lo que nadie se atrevía a decir, ella lo soltaba y lo decía con total naturalidad. Ser quien era le facilitaba mucho las cosas. No se cortaba un pelo.

TL: Te diré que es un libro muy cinematográfico. Se visualiza inmediatamente. Yo hasta me imagino los actores ¡no te digo más!
AB: (risas) Me lo ha dicho mucha gente, pero no con tanto detalle como tú. A mí me gustaría hacer un papel ¡fíjate! es que yo tengo una vena de actriz (risas). Si se llega a hacer, tendría que hacer un cameo. Me da igual ser una de las jovencitas que la saludan cuando llega a España (risas).

TL: ¿Qué dice Vicente, tu marido, a esta afición tuya?
AB: Le hace mucha gracia.

TL: Sois el día y la noche…
AB: Totalmente, somos el yin y el yang. Los polos opuestos se atraen. Él es muy tímido y mucha gente me dice ¿cómo puede serlo dedicándose a lo que se dedica?, pero es así. Hay gente que confunde la timidez con la distancia. Y él no lo es para nada, todo lo contrario.

TL: ¿Nunca le has entrevistado?
AB: No ¡fíjate! Hemos presentado juntos, hace muchos años, eso sí.

TL: ¿Ahí os conocisteis?
AB: Nos conocimos antes, en T5. Yo presentaba “Entre hoy y mañana” con Miguel Ángel Aguilar. Te estoy hablando del pleistoceno (risas). Yo estaba en ese informativo y Vicente llegó a la cadena. Yo salí de ese informativo y decidieron que presentáramos juntos. De ahí, con el tiempo, surgió lo que surgió (risas).

 

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TL: Entre periodistas está el juego…
AB: Yo creo que somos los que mejor podemos entendernos unos a otros. Tengo muchos amigos y vecinos que las parejas se dedican a lo mismo. Médicos los dos, farmacéuticos los dos, otros que trabajan en la banca los dos. Yo pensé que era muy de periodistas eso de dedicarse la pareja a lo mismo, pero me he dado cuenta que pasa en todas las profesiones. También es cierto que nuestra profesión tiene matices diferentes. Yo creo que los periodistas somos un poco insoportables y tenemos una vida muy caótica, en la que no existen los horarios. Eso nunca lo entendería una persona con una jornada de trabajo establecida, con hora de entrada y salida. Dedicándote a lo mismo, es más fácil entender las ausencias, las cancelaciones de última hora y unas cuantas cosas más que tiene nuestro trabajo.

TL: Estáis tan compenetrados que hasta escribisteis vuestros respectivos libros en la misma época ¿Cómo fue esa conciliación de familia, libro, informativos?
AB: (risas) Difícil, no te voy a engañar. Como coincidimos muy poco en horarios, solo teníamos nuestro momento de encuentro por la mañana, después de llevar al niño al cole. Vicente utiliza el ordenador de mesa y yo soy más de portátil y donde caiga, me acomodo en cualquier lugar. Recuerdo un día de cierta desesperación por la situación, por no coincidir en horarios, por no tener tiempo para nosotros, que le dije: “Recuérdame, cuando tengamos la tentación de escribir otro libro, que digamos que no o no hacerlo, por lo menos al mismo tiempo” (risas). Tanto su libro como el mío era de mucho material, así que teníamos la sala llena de libros, incluso por los suelos. Todo muy caóticamente ordenado, pero fue una locura.

TL: ¿Conseguís dejar el trabajo en la redacción y no traerlo a casa?
AB: La vida del profesional y la persona son diferentes pero ¡qué duda cabe! que se unen. Yo creo que eso está muy bien porque, cuando sientes pasión por tu trabajo, te complementas. Eso sí, cuando llega agosto y las vacaciones, nos olvidamos del mundo. No existimos y nada existe. Tengo una facilidad pasmosa para desconectar. Estamos al tanto de lo que ocurre, pero con mucha relajación. No hay obligatoriedad. Es la única época del año en la que coincidimos. Procuramos irnos un poquito lejos y, si hay una zona en la que no existe el wifi ¡mejor! Porque así no caemos en la tentación de saber lo que pasa.

TL: ¿Hay competencia entre vosotros?
AB: No… Yo veo su informativo y Vicente el mío, pero somos muy respetuosos con el trabajo y el criterio de cada uno. Quizás yo soy un poco más chinche, porque las mujeres somos así, pero tampoco me meto mucho. Cada uno hace su trabajo a su manera y hay que respetarse. Alguna vez de las que hemos coincidido en horario, nos miramos de reojo y antes de bajar a plató, hacemos la broma de llamarnos y preguntar ¿Con qué vas a abrir? Pero no soltamos prensa ninguno de los dos (risas).

TL: En esa situación de coincidencia horaria ¿quién vería en casa a quién?
AB: Nuestro hijo seguramente estaría viendo Clan TV (risas) o metiéndose en la cama, porque se acuesta muy pronto. Y, si tengo que hacer apuestas, mis padres verían T5 y mis suegros A3 (risas). Habitualmente está muy fácil, porque tenemos a las familias muy contentas. De lunes a viernes ven a Vicente y, sábados y domingos, a mí.

-¿Cómo llevas lo del fin de semana?
AB: Fatal. Es complicado cuando tienes familia y, sobre todo, un hijo. Renuncias a esas pequeñas cosas que son tan importantes. Los fines de semana es cuando las familias aprovechan para hacer planes juntos. Yo me he perdido los cumpleaños de mis padre, de mi madre, el mío… pero el de mi hijo no. Ese día me lo pido libre. Cuando conseguimos coincidir un día ¡lo vives con tanta pasión! Una simple comida familiar la vivo con mucha intensidad.

 

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-¿Piensas, a veces, en las renuncias?
AB: Lo he pensado muchas veces y ¡aquí estoy! Amo tanto esta profesión que, si no me dedicara a esto, sería una mujer frustrada y amargada. Siempre llego a la conclusión de que tengo que disfrutar de las cosas que tengo y, también te digo, que he aprendido a valorar muchas cosas que otra gente no valora. Y eso también es muy importante. Hace unos días, pedí libre un día del fin de semana y Vicente uno de la semana para poder juntarlos y tener unos días para nosotros y nuestro hijo ¿Tú sabes lo que fue que el niño cogiese a cada uno de una mano y dijese ¡Ah, qué feliz!? Eso es impagable.

TL: ¿Él entiende la situación?
AB: Nuestro hijo vive en su normalidad. Cuando nació, yo ya tenía este horario. Digamos que para él es una cosa normal, pero también se da cuenta de que, por ejemplo, nunca puedo ir a los cumpleaños de sus amigos. Ahora empieza a darse cuenta de las cosas, pero también sabe que es la normalidad.

TL: ¿Apunta maneras de periodista?
AB: ¡Qué va! Él quiere ser futbolista (risas) pero ¡no sabes cómo canta y cómo baila!

TL: Ha salido con la vena artística de la madre…
AB: Sí (risas) y no me importa nada. Le gusta bailar y le encanta que le grabe bailando. Su padre se ríe mucho al verle y ya dice que somos tal para cual (risas). Yo canto mucho con él y hacemos muchos dúos. Me gusta aprovechar esos momentos.

TL: Sin duda alguna, nos hemos perdido una artista…
AB: (risas) Síiii… Me habría gustado ser actriz, cantante y bailarina. He hecho algún cameo y perfectamente podría hacer un musical. Mi jefe me ha escuchado cantar y me llama “la cantante”. Me encanta actuar. Nunca me he arrepentido de dedicarme a lo que hago, pero me gustaría poder llegar a todo (risas).

TL: Esa niña, que su madre decía que la veía en el mundo del espectáculo ¿Se reconocería en la mujer que eres ahora?
AB: Seguramente sí. Yo fui gimnasta rítmica y esa etapa me hizo aprender muchas cosas, al margen de la disciplina. Me enseñó a comportarme, a sonreír incluso cuando sientes dolor. Esa niña sigue en mí. Se reconocería, estoy segura.

*Próxima semana: Mario Cásas y Oscar Casas


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