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#Close To… Miguel Poveda: «La música ha sido mi terapia»

Se define como un soñador que cuando era pequeño se imaginaba paseando en limusina por Nueva York tras actuar en un teatro. Después de 30 años en los escenarios, aún tiene sueños por cumplir.

Amalia Enríquez. 10/09/2019

Yo no entiendo de flamenco, pero escuchar a Miguel Poveda se convirtió en adictivo desde el primer momento. Me hace vibrar, sentir, disfrutar. Imagino que generar esas sensaciones es el arte en estado puro. Nunca le había entrevistado hasta el día que nos encontramos, cuando le entregaron el disco de oro por sus 30 años en la profesión, pero me moría de ganas. Y así se lo dije. La conversación, como su música, me creó necesidad de repetir. Y en ello quedamos…

The Luxonomist: ¿Treinta años no son nada?
Miguel Poveda: (Risas) No son nada y son mucho. Pasan volando pero ¡fíjate!, en ese tiempo he hecho lo que otros hubiesen hecho en el doble, porque no he parado.

TL: Incluso muchos no consiguen ni la mitad…
MP: Por eso tengo tanta gratitud hacia la profesión y hacia todo, porque eso me ha permitido viajar, conocer, compartir, crecer a todos los niveles y me siento muy feliz por haber logrado todo eso.

TL: ¿Cómo ha sido la travesía vital de todo este tiempo?
MP: Ha habido de todo, muchas capas que me he ido dejando en el camino. He crecido en muchos niveles, hasta que me he hecho a mí mismo. Las edades son las que son. A los 20 años no pensaba por supuesto como ahora, pero a los 25/30 ya todo empezó a irse poniendo en su sitio, pero ¡claro! se fue la juventud” (risas), pero llegan otras cosas maravillosas.

TL: La edad está en la mente, no en el DNI…
MP: Eso por supuesto. Yo soy un tío que se siente muy vivo, muy vital, muy inocente en algunas cosas y en otras ya no tanto. Me siento muy joven aún, con ganas de hacer muchas cosas.

«El flamenco es la música que a mí me define y que es lo que más amo del mundo» (Foto: Nico)

TL: ¿Te pesan los años?
MP: No tanto eso como que hay una cierta coquetería. Aunque me digas que estoy estupendo ¡quiero estar mejor! (risas) ¿Sabes lo que pasa, cariño? Que me gusta mucho comer.

TL: Ese es uno de los grandes placeres de la vida…
MP: Eso sí, me lo voy a tomar por ahí (risas). Estoy siempre luchando por no comer mucho y ponerme gordito, pero yo quiero vivir y disfrutar de lo que me ofrece la vida. Todo en su medida es maravilloso. No quiero dejar de disfrutar de los pequeños placeres cotidianos y hoy, de manera especial, pienso comer como un príncipe para celebrar este disco de oro.

TL: ¡Menudo regalo! Muy merecido por otra parte…
MP: ¡Fíjate! esto es una maravilla. Estoy muy feliz no solamente por mí, sino por todos los compañeros que han estado involucrados en este trabajo con tanto amor. Hicimos los discos en un mes, que fue muy intenso como te puedes imaginar, pero mi felicidad es mayor sobre todo por el género, porque lo que yo hago no son súper ventas ni nada parecido. El flamenco es la música que a mí me define y que es lo que más amo del mundo. Que llegue a ser disco de oro me produce una inmensa alegría.

TL: ¿Cuándo te das cuenta que eres especial, que tienes un don para esto?
MP: Especial no me considero, pero me doy cuenta cuando lo único de lo que tengo ganas es de cantar. También te tengo que decir que, cuando yo empezaba, cantaba un poco como un perro, cantaba regular.

TL: Me resulta muy difícil creerme eso…
MP: No como un perro (risas), pero cantaba regularcito. Ahora me escucho y digo ¡Dios mío!, yo no valgo para esto. Pero ha sido tanta la constancia, la lucha y las ganas, que he ido construyéndome, empapándome de todo, ahondando en mi espíritu, en mi alma y sacando hacia afuera todo lo que he vivido, mis cosas, mis paranoias, mis amores, mis desamores, mis torturas, mis alegrías… Con todo eso formé un lenguaje con el que me he podido comunicar con la gente y decir ¡aquí estamos!

Quedamos en seguir conversando cuando le entregaron el disco de oro por sus 30 años en la profesión

TL: Así que la música ha sido terapéutica…
MP: ¿Para mí? Toda la terapia del mundo. Si yo no hubiese cantado, no sé qué habría sido de mí, honestamente. Le doy gracias a la vida y a la música por haberme salvado  de muchas cosas.

TL: ¿Llevabas otro camino?
MP: Yo creo que mi camino era este. Yo estoy hecho para esto. Si, por circunstancias de la vida me hubiese llevado para otro lugar, no sé qué habría pasado conmigo.

TL: Cuando no hay gran tradición en la familia, ¿cómo les convences de que te quieres dedicar a esto?
MP: Con vocación, una vocación desmesurara. Y teniendo una familia que también les gusta esto. Yo tenía una tía que cantaba y nos gustaba ir a las peñas flamencas. Eso era un motivo añadido, así que todo fue bien. No hubo rechazo familiar en ningún momento.

TL: Cuando miras atrás, ¿hay un recuerdo recurrente inevitable?
MP: Mi padre, siempre. Él es una constante en mi cabeza, mi corazón, en mi alma. Era un ser muy especial, muy sensible, me quería y me admiraba mucho.

 

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TL: ¡Qué bonito es eso!
MP: Sin duda. Era una cosa muy curiosa porque yo le hablaba tan normal, como te hablo a ti,  y él me miraba con respeto, se hacía como pequeño y eso a mí me chocaba mucho. Y todo era porque tenía una sensibilidad muy especial. Me acompañó tantas veces, me apoyó tanto, que le echo mucho de menos.

TL: Empezaste a cantar muy pequeño, ¿tienes la sensación de haberte perdido cosas con respecto a tus amigos?
MP: En ese sentido, no echo de menos nada porque yo me divertía. Yo me creé mi propio universo. Jugaba con las cintas de cassette y con los vinilos

TL: Ahora tu niño no sabrá lo que es eso…
MP: Bueno, sí lo sabe porque los ve en casa. Yo compro los discos de vinilo y le pongo el tocadiscos, le hago el ritual con los cassettes y el Cinexin que yo tenía (risas). Todos los elementos de mi infancia, se los enseño para que los conozca. Mi infancia la pasé así, me divertí mucho, me lo pasé genial escuchando a los artistas, soñaba con ser cada uno de ellos y viví un mundo de fantasía en el que yo fui feliz.

TL: ¿En ningún momento te sentiste raro o diferente a los demás?
MP: Bueno, eso sí. Un poquito sí porque mis amigos no hacían eso. Jugaban al fútbol, le tocaban el culo a las niñas ¿sabes? y hacían diabluras, mientras yo escuchaba a Tijeritas o a Lola Flores (risas).

 

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TL: ¿Cuál es el momento vital de Miguel Poveda ahora?
MP: Mi hijo es mi latir, mi todo, por quien veo la vida de otra manera. Mi pareja, por supuesto, pero mi hijo es el ser más bello que he conocido en mi vida. Físicamente es igual que yo de pequeño, igual. Tiene una sensibilidad especial. Todo el mundo que lo conoce lo nota y eso me tiene a mí vivo, en alerta, con alegría, con mis miedos, intentando inculcarle la parte bonita de la vida de compromiso con el ser humano. En definitiva, convertirlo en una buena persona, que tenga unos valores fundamentales para poder convivir y que se aun hombre que ayude al prójimo.

TL: ¿La paternidad ha venido a completarte como hombre?
MP: Absolutamente, ha venido a darle un sentido a todo: a mi profesión, a la música, a mi casa, a mis valores. A todo.

TL: ¿Apunta maneras de artista?
MP: No, yo lo veo más biólogo o algo que tenga que ver con los dinosaurios. Está obsesionado con ellos, con los delfines y con el mundo animal. Le encantan.

TL: ¿Qué música escucha un artista como tú?
MP: De todo. Soy un tío que ha crecido en la diversidad musical en mi casa, donde se escuchaban The Beatles, The Police, Bambino, María Jimenez, Adamo (que le encantaba a mi padre), Gardel… Yo escucho de todo. Músicas populares, que estoy más cerca de ellas, Chabela Vargas, Juan Luis Guerra, Sinatra, Michael Bublé…

Miguel Poveda junto a Amalia Enríquez en un momento de la entrevista

TL: Que actúa el 28 de septiembre donde lo vas a hacer tú el 23 de diciembre, ¿cómo va a ser ese concierto en el Wizink?
MP: Pues espero que sea un día de alegría, previo a la Nochebuena, que suponga la culminación de mucho esfuerzo y del trabajo que hemos hecho. Yo he visto lleno ese lugar, he cantado con artistas que lo han llenado pero, para mí es la primera vez. A ver qué pasa.

TL: ¿Alguna vez te has roto en el escenario de la emoción? Igual ocurre allí…
MP: Me ha pasado muchas veces, sobre todo en el cante por seguidillas  que le canto a mi padre, o en una ovación de la gente, cuando te has dejado el alma, te has vaciado y todavía estás como en otro estado. Hay momentos en los que no te das cuenta siquiera que estás en un escenario. Solo con oírte decir que me puede pasar allí, se me pone la lagrimilla (risas).

TL: ¿Has logrado vencer esa timidez que cuesta disimular muchas veces?
MP: Me busco mis armas. Tengo épocas en las que soy muy sociable y eso ayuda, pero no siempre es así. Me gusta la gente, me gusta aprender, ser consciente de cuando alguien te mira de forma limpia, quien notas que es normal ¡qué es algo tan importante! Yo soy muy de energías, las noto. Cuando veo algo que no me gusta, me quiero ir a mi casa al momento y no quiero estar socializando con nadie.

TL: En el mejor de tus sueños, ¿imaginaste todo esto?
MP: No, tal y como ha ocurrido no. Siempre he sido muy soñador. Cuando era más pequeño, soñaba que iba en limusina, que salía del teatro en Nueva York y era muy famoso. Te hablo con doce o trece años. Mi madre me mandaba a comprar y yo iba, por mi barrio, como soñando que me iban parando los fans (risas). Tonterías que tenía uno en la cabeza, pero ahora es mucho más bonito porque lo real tiene más profundidad. Lo de ahora es un compromiso con la belleza de la música, un arma que puedes utilizar para remover conciencias e intentar cambiar el mundo, para compartir, crear lazos y puentes de unión y eso me hace feliz. Nunca habría imaginado que mi voz sirviese para esas cosas.

 

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TL: Ese niño que descubre un día que tiene un talento especial, ¿se reconocería en el hombre que te has convertido?
MP: No, no se reconocería. Hasta este hombre de hoy día, han pasado muchos Migueles ¿sabes? En algunos de ellos no me reconozco. La cabeza se ha puesto en otro lugar. La pérdida de mi padre, el nacimiento de mi hijo… Los momentos malos hacen que recapacites, que mires hacia dentro, que sitúes las cosas donde tienen que ir y que intentes no banalizar. Federico, mi pareja me ha hecho ser más espiritual también, me ha ayudado mucho en eso. Soy ahora otra persona realmente.

TL: ¿Y te gustas?
MP: Sí, ahora sí. Me quité mochilas, inseguridades y estoy feliz. Mi hijo, su sonrisa y que me diga cada mañana “te amo” hace que me sobre todo el resto.

TL: La paternidad es adictiva, en muchos casos…
MP: Ojalá, lo sé. Yo tengo hasta el nombre del próximo. Le pregunto a mi hijo “¿Vamos a buscar a Diego?” y no le hace ninguna gracia, pero algún día tendrá que ser. Me gustaría.

TL: Espero que nos veamos antes y nos citamos el 23 de diciembre en ese concierto tan especial…
MP: Allí te quiero ver. Gracias por esta conversación, de verdad.

Localización: Gran Meliá Palacio de los Duques
Próxima semana: Adrián Lastra

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