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#CloseTo Álex González: «Yo estoy alojado siempre en estar muy agradecido a la vida»

Es cercano, afable y te habla en un tono tan suave que no puedes más que caer rendida.

Amalia Enríquez. 23/07/2019

Muero con su sonrisa. Y lo sabe. Es cercano, afable y te habla en un tono tan suave que no puedes más que caer rendida. Así tiene a todo el sector femenino porque, al margen de su magnetismo personal, Álex González es buen actor. Y de elegancia ya no hablamos. Su porte ha hecho posible que protagonice campañas de moda y esa sonrisa que le hace especial, ha logrado que sea el embajador de los chicles Orbyt. Nos encontramos el día de esta nueva campaña, mientras espera la emisión de la nueva temporada de la serie que le ha convertido en un chico canalla…

The Luxonomist: ¿Tienes ya licencia eterna para “Vivir sin permiso”?
Álex González: ¡Eso solo lo sabe Nemo Bandeira! (risas).

TL: ¿Qué te llevas de Mario Mendoza y qué le ha dado Álex?
AG: Me llevo la capacidad de trabajo y su disciplina para conseguir lo que sueña. Yo intenté aportar a Mario un toque de vulnerabilidad, poder mostrar su herida para que el público entienda de dónde viene su ambición.

TL: Hablaremos de él, pero antes prefiero hacerlo antes del tándem Coronado-González, Sois casi una “pareja de hecho”
AG: Jajaja… sí, lo es! A partir de ahora tendrán que contratar el “pack”. Cuando le vi por primera vez, no lo dudé. Dije “Este es para mí” (risas).

TL: Sigues siendo el chico de la eterna sonrisa. Hay cosas que no cambian con los años…
AG: Siempre he sido igual de sonriente, desde pequeño. Mi madre me contó una vez, y supongo que es verdad ¡claro! que, al nacer, en lugar de llorar, reí. Y la verdad es que, en todas mis fotos de infancia y adolescencia, en todas estoy riendo.

TL: Yo siempre te recuerdo riendo, la verdad. Y me resulta raro verte de chico duro en algunos personajes…
AG: (Risas) La verdad es que tengo esa suerte porque, no sé si es genética o qué, pero me cuesta muy poco sonreír. Va a sonar a libro de autoayuda (risas). Yo estoy alojado siempre, de manera genuina, en estar muy agradecido a la vida. Es, en sí misma, un gran regalo. A mí me ha tratado muy bien y estoy convencido que, si tú sonríes a la vida, ella también te sonríe.

 

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TL: La verdad es que se empieza el día de otra manera cuando ves que alguien te sonríe…
AG: Sin duda. A veces me pongo un reto, Voy al súper a hacer la compra y la cajera, como nos puede ocurrir a los demás, no tiene un buen día.  Yo le sonrío, le sonrío y le sonrío hasta que eso se filtra y acaba afectando a tu entorno más cercano. Y ella sonríe.

TL: Juegas con ventaja. Tienes todo ganado siendo quien eres y con esa carta de presentación…
AG: No te creas (risas). También ocurre al contrario. Cuando tengo un día malo  y alguien me sonríe, me cambia el día.

TL: ¿Qué te hace perder la sonrisa?
AG: Las cosas que no son verdaderas. Un te quiero que no es de verdad, un te echo de menos que tampoco es de verdad, un me alegro de verte fingido… Es algo que noto inmediatamente. No me gustan nada los emoticonos, por ejemplo. Nos hemos acostumbrado a poner caras y corazones que, en el fondo, no son de verdad. Reducimos el sentimiento a un símbolo, pero no se refleja en una acción y eso me entristece.

TL: Entiendo que las redes sociales no te gustan en exceso…
AG: No me manejo bien en ellas. Es más, me manejo fatal (risas). No soy millennial. Me gusta más Instagran que las otras y lo que me cuesta mucho es generar material. Me voy a un sitio precioso, me distraigo disfrutándolo y se me olvida compartirlo (risas). Va por rachas, pero me paso mucho tiempo sin postear nada. Me cuesta.

TL: Cuando todo va bien ¿Uno mira atrás?
AG: Sí, lo hago… pero me has hecho pensar si, cuando van mal, también lo hago. Involuntariamente miro atrás para intentar conectar los puntos. Encuentro algo romántico en hacerlo, sobre todo, con la profesión y el primer pensamiento de cuando quise ser actor y lo que me imaginaba que iba a ser la aventura. He encontrado mucha satisfacción en que la vida me ha dado muchas alegrías, muchas más de las que yo esperaba o pensaba.

 

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TL: Entiendo, entonces, que no te intimida nada recordar el pasado…
AG: No, al contrario. Cuando miro atrás veo el camino construido, hace que pueda conectar los puntos desde el presente hasta el pasado, el comienzo, cuando todo eran dudas e inseguridades pero creía, tenía fe, y eso me da fuerza en el presente y me reafirma en la idea y el convencimiento de seguir trabajando, creyendo y confiando en que los puntos se conectarán también desde aquí y ahora hacia el futuro. Al final es todo un acto de fe.

TL: ¿Cuál es ese primer recuerdo que te viene  a la cabeza?
AG: Recuerdo con la emoción intacta la primera vez que vi el cartel de mi primera película (“Segundo Asalto”) en uno de los cines de la calle Gran Vía de Madrid. Ver mi foto con mi nombre ahí fue como un milagro, algo muy bonito.

TL: ¿Cómo surge lo de ser actor?
AG: No es algo que pensara de pequeño. Se me ocurrió con 17 años. Yo tomo muchas decisiones inconscientemente, pero tengo buena intuición y me salen bien. Tuve el impulso de apuntarme a clases de interpretación  y no se lo dije a nadie, ni a mis padres. Casi no me lo quería decir ni a mí mismo (risas). Dos años más tarde, con diecinueve, me di cuenta de que realmente me hacía muy feliz y, por otro impulso, me apunté a a la escuela de Juan Carlos Coraza, donde estudié,  y ahí sí me di cuenta que quería ser actor. Tres años más tarde empecé a trabajar y, en esas fechas del 2004, es cuando nos conocimos tú y yo (risas).

TL: Ha pasado el tiempo, pero me gusta conoceros en los comienzos y veros evolucionar, madurar y triunfar…
AG: ¡15 años ya! Lo bien que estamos y, lo mejor de todo, lo podemos contar. Aquí estamos todos de paso, con nuestras subidas y bajadas. Fíjate, el otro día leía una entrevista que le hicieron a Antonio Banderas, después de ganar su premio en Cannes. Él, que es quien es, hablaba de esas subidas y bajadas, de momentos buenos malos por lo que pasó. Yo, como público, siempre he tenido la sensación de que le ha ido muy bien y encontré mucha fuerza e inspiración en esa entrevista.

TL: Los más grandes son los más normales, Álex…
AG: En eso estoy de acuerdo contigo. Cuando he tenido la suerte de conocer a gente como Jose Coronado, que mencionábamos antes, he comprobado lo que dices. Son muy normales y decir que son así a ellos les sonaría como algo marciano incluso, porque le dan a la profesión la importancia que tiene y el resto es vida.

 

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TL: Con Jose, ya que lo nombramos de nuevo, tienes pendiente la segunda temporada de “Vivir sin permiso”. En esa serie, a pesar de esa cara de bueno que tienes y de tu sonrisa, cuesta mucho empatizar contigo…
AG: (risas) “¡Ay, cuántos disgustos me ha traído ese personaje! A Aitor Gabilondo, creador de la serie, a veces le digo ¡Te has pasado! (risas). Obviamente, le estoy muy agradecido porque me ha ayudado a ampliar mi registro, salirme de mi parte más conocida como actor y adentrarme en otras sombras, pero no quiero ser tan malo (risas). Después de “El príncipe”, todo el mundo me saludaba con ese cariño de “el héroe que ha salvado a la princesa” y ahora algunas personas están contrariadas, porque Mario Mendoza es un tipo tan….

TL: Canalla diría yo…
AG: Y dices bien, canalla absoluto. Y la gente no sabe cómo aproximarse (risas).

TL: ¿Sigues tenido cosquillas en el estómago cuando ves tu nombre en una pantalla?
AG: Sí, la verdad es que me sigue gustando. Lo que pasa que aquí, siendo honesto, interfiere mucho el ego a lo mejor.

TL: ¿Cómo andamos de eso?
AG: Intentando darle su lugar. Dedicándonos a esto, un poco es necesario, pero está bien identificarlo. Es bueno reconocer algún comportamiento tuyo derivado del ego y ponerle remedio si es necesario. No hay que machacarte constantemente con este tema, pero sí convivir con ello.

 

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TL: ¿Tu físico ha sido un hándicap a la hora de demostrar la valía?
AG: Yo pienso que no. Lo que te voy a decir no es falsa humildad, pero yo no me veo guapo ni dueño de una belleza que llame la atención. Yo no creo que una cosa u otra ayude o afecte. Cuando era más joven, me empeñaba en buscar personajes que se alejaran mucho de mí. Creo que nos ha pasado a todos. Y, hace unos años, me dije: “Espérate, cuáles son mis herramientas, cuáles son mis puntos fuertes”. Y, al conocerlos bien, decidí explotarlos porque lo que yo quiero es trabajar. Si me dan un personaje porque creen que soy más o menos guapo, sinceramente ¡Ya me da igual! No voy a luchar contra eso porque lo que quiero es trabajar y mejorar. Ahora no me preocupa nada ese tema.

TL: La madurez ayuda…
AG: Será eso. Estoy ya en los 38 y me siento muy bien a nivel personal. Una de las cosas buenas de cumplir años es eso de aceptarte ¿no? Y que te empieza a dar igual lo que los demás piensen de ti. Es un ejercicio difícil, pero necesario.

TL: No se consigue siempre, lo que es un logro si estás en ello…
AG: Cien por cien no lo consigues nunca, pero sí hay algo en ser suficiente y aceptarte con todo lo que tienes. Es maravilloso y da mucha paz.

TL: ¿La fama ayuda en las relaciones?
AG: ¿En el sentido de ligar te refieres?… No voy a negar que algo llevas a tu favor. Dedicarte a un trabajo que tiene que ver con el público, sin duda alguna te abre más puertas. En todos los sentidos. Aunque también te digo que te las cierra, porque mucha gente asume que puedas ser de una determinada manera y debes hacer un doble esfuerzo. Y ocurre igual con la amistad ¿eh? Tienes que demostrar que eres un tipo normal.

TL: ¿Consigues darte cuenta de quién se acerca a ti por quién eres o lo qué eres?
AG: Sí… En esta profesión, que te permite tratar a mucha gente y que la desarrollas de cara al público, se activa un sexto sentido que también te pasará a ti en la tuya.

Álex González junto a Amalia Enríquez en un momento de la entrevista

TL: Sin duda, te llevas sorpresas y decepciones… ¿Tú eres feliz en este trabajo?
AG: Sí, soy muy feliz porque, cuando estás en la escuela o en ese momento en el que deseas mucho dedicarte a ser actor, nunca sabes si lo vas a conseguir. Esta profesión me ha dado mucho más de lo que yo esperaba, en lo que tiene que ver con actuar, investigar y aprender. Pero, además, que ha dado otras cosas con las que yo no contaba, como son viajar, conocer compañeros maravillosos en todos los departamentos, vivir momentos como este de estar hablando tranquilamente… Con esto no contaba cuando quería ser actor y ha sido un añadido, que me ha enriquecido mucho.

TL: Y en esta travesía ¿Has conocido un Álex que no imaginabas que llevabas dentro?
AG: Siempre me acabas haciendo terapia (risas). Lo estoy conociendo ahora y te voy a ser muy honesto porque, hasta este momento, nunca lo había verbalizado. El Álex que estoy descubriendo ahora, en el ejercicio de querer disociar la profesión de la persona, hace todo lo posible porque, si un día soy un actor nefasto, eso no filtre a la persona. Quiero ser un buen ser humano, un buen hijo, amigo, pareja y padre, si llega el momento. No sé si en otros trabajos ocurre pero, en nuestro caso, cuando te dicen que eres buen actor ¡te sientes mejor persona! Es como si te quisieras más y te enriquece. Y, en este ejercicio de querer disociar, me he dado cuenta que, al margen de ser actor, me gustaría hacer otras cosas y encontrar en ellas la pasión. En eso estoy. Me gustaría ser bueno en otras cosas.

TL: ¿Lo dudas?
AG: No tanto lo dudaba como que estaba focalizado en ser un buen actor y nunca me lo había planteado. Ahora, coqueteando con otras actividades, me he dado cuenta que puedo ser bueno también en ellas. Supongo que también tiene algo que ver con la madurez (risas).

TL: Ese niño que hacía las cosas por intuición y acertó al ser actor ¿Se reconocería en el hombre que hoy eres?
AG: ¡Ay Amalia, qué preguntas me haces! (risas) ¿Si se reconocería? Creo que no. En algunas cosas tal vez, en otras no porque yo no me creía capaz de lograrlas. Ahora he ganado en seguridad. Ya sabes que planeamos según nuestras circunstancias y luego los planes no salen como planeamos. La vida ha sido muy generosa conmigo.

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