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#CloseTo Alejo Sauras: “Lo único que le pido a la vida es que me mantenga la cabeza bien”

Pese a su juventud, Alejo Sauras ya es un veterano en el mundo de la interpretación. Hablamos con él de su paso por series de éxito, proyectos futuros, éxitos y fracasos.

Amalia Enríquez. 28/05/2019

Hemos descubierto que somos casi vecinos, así que hemos quedado en vernos más para charlar. Hablar con Alejo Sauras es una aventura hacia lo desconocido. Empiezas por un tema y sus experiencias vitales te van llevando por caminos que ni imaginabas. En unas semanas empieza el rodaje de la nueva temporada de “Estoy vivo”, así que era el momento apropiado para “pillarle” tranquilo…

The Luxonomist: Ya tenía yo ganas de esta conversación, pero te vendes caro. Me alegra comprobar que estás vivo…
Alejo Sauras: (risas) Eso sí, no sé por cuanto tiempo pero, de momento, estoy vivo.

TL: Buena experiencia ¿verdad?
AS: Está siendo maravillosa. Desde el mismo día en el que yo me enteré de que existía esa proyecto, moví cielo y tierra para que me hicieran una prueba. Cuando lo logré, me enteré que ya tenían mi nombre entre las opciones. Y, si te soy sincero, entré en esa prueba sabiendo que el papel era para mí. Lo intuía…

TL: ¿Eres hombre de certezas?
AS: No creo mucho en que esto va a ser así, pero sí en que tengo la energía necesaria para conseguirlo. Te voy a poner un ejemplo. A mí no me gusta el fútbol, no sé quién es mejor jugador, ni sé quién va el primero en la Liga, pero cuando me enteré que íbamos a jugar la final de un mundial, me compré los billetes, la entrada y fui porque sabía que sería muy fácil que lo pudieran ganar. Estaba convencido que tenían esa energía necesaria para lograrlo.

 

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«Los actores somos todos inseguros porque jugamos con nuestras emociones»

TL: Lo tuyo son los pálpitos, entonces…
AS: Sí. Y en la prueba de “Estoy vivo” entré pensando que yo tenía la energía y que dependía de mí. Si yo hacía una buena prueba, el papel iba a ser para mí. Y así fue.

TL: Contigo no va la inseguridad, me parece…
AS: Los actores somos todos inseguros porque jugamos con nuestras emociones, las conocemos y sabemos la diferencia tan grande que hay entre ellas. Al final, la verdad, no son más que emociones. Que algo salga bien o mal depende de nuestra energía. Saber que ese es un condicionante tan grande, a veces te juega malas pasadas.

TL: Eso hace sufrir y no sé si es bueno…
AS: Sí sufrimos, es verdad. Sufrir es algo que el ser humano necesita. No sabemos vivir sin el sufrimiento. Cuando una persona llega a alcanzar lo que llama la plenitud, la felicidad absoluta, ya se quiere morir. Ya no tiene nada.

TL: ¿Tú crees? Es un poco radical ¿no?
AS: Cuando ves a personas mayores que han recorrido mucho en la vida, les oyes decir “yo ya he hecho todo lo que quería hacer en la vida”, entran en un estado de aceptación. Si no tenemos lucha, por conseguir algo o luchar contra algo, o algún sufrimiento que vencer, nos venimos abajo.

TL: ¿Eres peleón?
AS: Depende la circunstancia. Hay veces que no y otras que me rebelo. Todo se circunscribe a que merezca la pena o no por lo que estamos luchando. Muchas veces no sabemos la magnitud hasta que nos metemos en la pelea. Hay cosas por las que no luchas y, a toro pasado, te das cuenta de que había que haber peleado por eso.

TL: ¿Te ha pasado?
AS: Sí, pero con cosas menores afortunadamente.

TL: ¿Eres de los que te creces ante la adversidad?
AS: Según en qué batallas, soy como el espías que se cruza al bando contrario, para aprender cómo funcionan y luego volver (risas). Siempre intento aprender y, si es frente a un compañero de trabajo, intento que él se sienta a gusto y trabaje bien. Cuando eso ocurre y lo consigo, me aprovecho de esa situación y absorbo el aprendizaje. Como en mi profesión no hay enemigos, lo mejor que puedes hacer es utilizar tu paciencia para aprender de la otra persona y, luego, poner en práctica sus enseñanzas para convertirte tú en lo que él es.

 

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«Me afectan las cosas que no soy capaz de hacer, siendo capaz de hacerlas»

TL: ¿A los compañeros no los ves cómo contrincantes? A veces lo son…
AS: Evidentemente, si hablamos de tener trabajo para llegar a fin de mes, si hay papeles que los pueden interpretar varios actores, ahí puede haber una competición pero, a mi juicio, es conmigo mismo. Nunca sabes de qué factores depende que te lo den a ti o a otro compañero.

TL: ¿La vanidad queda tocada?
AS: A veces sí, porque los actores somos vanidosos. En nuestras interpretaciones, sobre todo sin son monólogos, tendemos a alargar nuestro trabajo. Dicen que el mejor actor de teatro es aquel que hace la función 200 igual que la primera. Y eso es muy difícil.

TL: ¿Cómo gestionas el ego?
AS: Yo creo que tengo poco, sinceramente. Me afectan las cosas que no soy capaz de hacer, siendo capaz de hacerlas. Si tú me pides algo que yo sé que puedo hacer y me sale mal, me hundo. También creo que hay que tener los pies en el suelo, asumir que no eres el mejor actor que hay en tu país y que eres uno más. El ego está ahí y, como el miedo, es necesario. Creo que es algo que nos alimenta, pero tengo algunos compañeros a los que les trastorna, les afecta demasiado. Nuestro último trabajo es el currículum para la siguiente prueba, pero no nos podemos volver locos. Hay que tener el ego que alimenta, el otro hay que desecharlo.

TL: ¿Encajas mejor la crítica que el halago?
AS: Agradezco ambas cosas, pero la crítica me sirve para más. El halago es un final del camino. Se agradece porque alimentas ese ego del que hablábamos y me notificas que mi esfuerzo está siendo recompensado pero, cuando me haces una crítica, me sirve para mejorar mi trabajo después. Sin muchas críticas que he recibido, algunos trabajos que hago hoy no serían igual. Mi personaje de “Estoy vivo”, diez años atrás lo habría hecho fatal. A la experiencia yo le llamo suma de fracasos.

TL: Que son los que conforman nuestra experiencia, sin duda…
AS: Efectivamente. Cuando yo veo a actores que siempre están bien, siempre les digo “¿cómo puede ser tío, que seas tan bueno, si yo no te he visto en ningún trabajo mal? ¿De qué has aprendido tú?” (risas).

 

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«Yo siempre he sido muy cabezota. Lo que no me interesa, me cuesta una barbaridad»

TL: Tampoco has tenido tú muchos…
AS: Sí los ha habido. No llamemos fracaso solo a aquello que la gente no ve. Hay personajes que me han aportado mucho, por ejemplo el de “14 de abril, la república”. Me dieron el premio de la Unión de Actores por él. Sin embargo, yo me iba a casa todos los días con mala sensación, porque creía que podía hacerlo mejor. Veía el trabajo en casa y pensaba que había que mejorarlo, no me lo creía. De esas cosas son de las que se aprende.

TL: ¿Eres feliz en este trabajo?
AS: Lo soy. A mí la infelicidad del ego me viene más por la profesión en sí, que por el trabajo concreto que pueda estar haciendo. Cuando veo países que hacen un gran cine, ahí sí me duele. Hace unos años que, en España, se está haciendo un cine precioso y maravilloso, convirtiendo nuestro país en un referente en ficción en muchos aspectos. Tenemos magníficos actores de teatro. Creo que, junto  a los ingleses, son los mejores del mundo. Retomando tu pregunta, sí soy feliz porque tengo la bendita suerte de haber interpretado (y seguir haciéndolo) personajes muy bonitos.

TL: ¿”Al salir de clase” fue la oportunidad y “Los Serrano” el reconocimiento?
AS: Sí, es posible que haya sido así. “Los Serrano” para mí fue un alimento de ego muy grande, me ayudaron mucho como actor a nivel profesional. Yo entré con un papel muy chiquitito, yo no era ni un Serrano, era un Martínez (risas), pero conseguí que el personaje creciese. No hay papel pequeño. Siempre he sentido un orgullo muy grande por mis dos primeros proyectos, estas dos series de las que hablamos.

TL: En “Al salir de clase” rompiste moldes…
AS: Estoy muy orgulloso de haber interpretado en ella al primer homosexual de verdad de nuestra industria, serio, que no era un cliché cómico, y haberlo defendido con respeto y dignidad. Tengo guardadas cientos y cientos de cartas, que atestiguan que el personaje estaba bien defendido. Y me enorgullece también el crecimiento que le pudimos dar. Por la calle me paraban y me decían cosas tremendas. Si yo fuera gay, estaría hundido al oír algunos comentarios que me hacían. A mí no me insultaban, pero sí lo hacían con el personaje. Luego me preguntaban “¿pero tú no serás gay, verdad?” Y yo les decía “¿Y si lo soy ¡qué pasa!? No me hables así”. Había un conjunto de la sociedad que todavía estaba en ese punto.

TL: ¿Es cierto o leyenda que eras mal estudiante de pequeño?
AS: ¿Sabes que pasa? Yo siempre he sido muy cabezota. Lo que no me interesa, me cuesta una barbaridad. Mis notas eran notables o muy deficientes, sin término medio. Si me gusta lo estudio y no me cuesta. Me he llegado a sacar unas oposiciones den dos meses, pero si algo no me gusta… ¡Uff!

Alejo Sauras junto a Amalia Enríquez en un momento de la entrevista

«Mi meta en la vida siempre ha sido disfrutar el presente»

TL: ¿Nos hemos perdido un gran piloto?
AS: Sí (risas). Lo digo de verdad, soy bueno en eso. Se me da bien, aunque ahora solo vuelo a nivel privado.

TL: ¿Qué habría pasado si hubieras seguido ese camino?
AS: Pues creo que no me habría gustado. Soy bueno pilotando, pero no me llena. Tenía varias opciones profesionales para dedicarme, pero elegí el boleto ganador. Si me hubiera hecho piloto, no habría sido feliz porque la profesión no es lo que yo creía. Yo pensaba que es profesión conllevaba más adrenalina pero, ahora que he volado muchas horas y en muchos aviones, es aburrido… pero sí, el mundo se ha perdido un gran piloto.

TL: ¿Qué te da miedo?
AS: El sufrimiento, el dolor. Me asusta. Y, en los accidentes de avión, eso es inevitable, salvo que haya una descomprensión en la cabina.

TL: ¿Cómo andamos de japonés?
AS: Fatal, lo abandoné. Tuve claro que había que darle preferencia al inglés. Desde niño tuve un mínimo de inglés aceptable. Siempre saqué muy buenas notas en ese idioma sin apenas tocar un libro, porque mis padres nos llevaban mucho de viaje. Por eso quise estudiar japonés, he ido a Japón un montón de veces y me encanta ese país, pero hubo un momento en mi vida en el que me dije que no se puede ser maestro de todo, así que me centré en lo que más me iba a potenciar y ayudar en mi carrera.

TL: Ese niño, que estudiaba lo que realmente le gustaba ¿se reconocería en el hombre que hoy eres?
AS: Sí y creo que se sorprendería un poco. Siempre tuve unas expectativas muy altas. Desde niño, porque me lo repetían mi padre y mi abuela, tuve conciencia de que la vida dura lo que dura. Solo tenemos una y va a haber un momento en el que vayamos para abajo, en el que nos va a costar más aprender las cosas, la actividad física pasará factura.. Es algo que siempre he tenido muy en cuenta. Mi meta en la vida siempre ha sido disfrutar el presente. Ese niño fliparía con que todo me ha salido bien, que a mis 40 años, viva de mi profesión, del trabajo que yo elegí, viva bien además y que disfrute con los personajes que hago. Lo único que le pido a la vida es que me mantenga la cabeza bien.

*Localización: Guaimaro (c/Velázquez 48) *Próxima semana: Álex García


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