Maldivas, paraíso del buceo

Era una de las ilusiones de mi vida, conocer las islas Maldivas y averiguar si los colores que aparecen en las fotografías que las representan eran ciertos.

Mis expectativas quedaron por los suelos. El turquesa fue inventado en este país, el más pequeño de Asia. Durante los 8 días de estancia me sentía abrumada por ser parte de aquellas postales que aparecían ante mis ojos. Si Nemo, Dori y el mundo subacuático tuvieron un Adán y una Eva, sin duda su paraíso fueron las islas Maldivas.

El vuelo hasta llegar a Malé no se hace demasiado largo ni pesado, a pesar de la escala que fue breve. Allí un representante del Hotel Angasana Velavaru, donde nos hospedamos los primeros 4 días, nos estaba esperando para acompañarnos hasta el hidroavión que nos llevaría al Resort.

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Los atolones aparecen por las ventanillas del avión como si fueran cuentas de un inmenso collar turquesa

Cuarenta y cinco minutos sobrevolando el mar más bello del Océano Índico. Los atolones iban apareciendo por las ventanillas del avión como si fueran cuentas de un inmenso collar turquesa. Poco tiempo para comenzar a descubrir una belleza tan intensa.

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Al Resort Angsana Velavaru se llega en hidroavión

Angsana Velavaru es un pequeño resort situado al sur de las Maldivas, en el atolón de Dhaalu. Una isla privada enclavada en una laguna que ofrece dos interesantes opciones; o bien hospedarse en las villas del océano, colgadas sobre el mismo, con piscinas al horizonte y vistas al infinito o la opción que nosotros elegimos, las villas de la isla, situadas a pie de playa.

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Dhoni, barco típico maldivo con el que puedes ir a bucear o a las villas del océano

Las dos opciones están separadas; a una u otra se puede llegar en el Dhoni, barco tradicional maldivo, que con frecuencia hace el escaso recorrido entre las villas del océano y la isla. En cada emplazamiento hay restaurante y zonas comunes, pero las actividades pueden compartirse ente uno y otro lugar.

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Carla disfrutando de un paseo por la playa

Y esto es otro de los puntos que más me atrajo del viaje. Maldivas, el paraíso del buceo y de los deportes acuáticos. Y el Angasana Velavaru el Resort de las 101 actividades. Bucear en su arrecife de coral es sucumbir a una belleza complicada de explicar. Unas gafas y un tubo es todo lo que se necesita para contemplar corales de todas las formas y colores.

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Diferentes tomas en el Angsana Velavaru

El mar se convierte en una inmensa galería de arte que expone esculturas. Esculturas que crecen dos centímetros al año, esculturas milenarias. El poder de creación de la naturaleza no conoce límites. Cuatro días buceando durante horas, el agua está a 28º y el tiempo pasa nadando. Nadando entre tortugas que han encontrado en Velavaru su rincón preferido para reproducirse y vivir.

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A los tiburones no les falta comida (Foto: Angsana Velavaru)

Nadar entre tiburones al principio impresiona, pero de pronto, pasado el primer susto, te das cuenta que el tiburón te sonríe. No son demasiado grandes y comida no les falta. Verles desplazarse a golpe de cola ante tus ojos  y a escasos metros de distancia es una experiencia inolvidable. Son los tiburones de punta negra. Efectivamente comida no les falta, tienen para elegir más de 900 tipos de peces vestidos con las creaciones más fascinantes.

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En el Angsana Velavaru dan de comer a las mantas raya cada tarde / El complejo, las villas del océano y la isla están separadas por la laguna / En Angsana Velavaru la arena, el mar y el cielo son uno

Los arrecifes de coral que rodean a cada una de las 1200 islas son el lugar idóneo para el hábitat de la fauna subacuática. Entre sus mil recovecos es fácil esconderse, y el color del coral sirve de camuflaje para los peces de colores. Todo es color y vida. Una sinfonía sin pentagrama.

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El coral sirve de sustento y refugio a cientos de especies (Fotos: Angsana Velavaru)

El pez trompeta, el pez flauta, napoleón, mariposa, escorpión, mantas raya… Peces payaso, pequeños Nemos que te acompañan sin temor; por encima del hombro te mira el pez loro y la tortuga casi se deja acariciar. Otra dimensión, otra realidad, casi un mundo virtual. Nadar en un acuario y sin temor.

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El Angasana Velavaru y Banyan Tree Vabbinfaru llevan años cuidando los corales (Fotos: Angsana Velavaru)

El coral es un animal, come plancton pero que ha sido afectado por el fenómeno de El Niño. El Angasana Velavaru y Banyan Tree Vabbinfaru, donde iríamos después, llevan años de previsión y replantación de corales. Ofrecen clases magistrales en sus marinas para concienciar al visitante de la importancia que tiene el coral en la biodiversidad acuática, y del peligro que a veces supone la mano del hombre. Tienen una fundación para la protección de los arrecifes y sus coloridos habitantes, y ayudan a la supervivencia de las pequeñas tortugas.

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La arena en Maldivas es blanca porque está formada por partículas de coral

Algo llamó especialmente la atención a mi curiosidad. Si las playas en Maldivas son blancas porque están formadas por partículas de coral, ¿porqué al bucear los corales son de colores? En la Marina de Velavaru me dieron la respuesta. El coral es blanco efectivamente, y come plancton, pero su supervivencia depende de un alga con la que hace perfecta simbiosis. La zooxantela que vive dentro del tejido del coral y come aún más plancton para que a su compañero no le falte. Es el alga la que viste de colores a los corales, y es el alga la que se aleja cuando las aguas se tornan más cálidas de la cuenta, como sucede con El Niño. El coral queda desnudo y desnutrido, retoma su color, el blanco, y entonces muere.

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En el Angsana Velavaru, todas las villas tienen su piscina al mar

Más de tres horas diarias pasábamos buceando ya fuera en el Angsana Velavaru como en el Banyan Tree Vabbinfaru, pero las 101 actividades de las que hablaba estaban siempre esperando nuestro ánimo. Motos de agua, paddle, ski acuático, clases de cocina maldiva, pesca nocturna, avistamiento de tiburones ballena o delfines, futbol en la playa, kayak… Y así hasta 101 que el huésped puede elegir en las marinas de los resorts.

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En Angasana Velavaru las 101 actividades de las que hablaba, siempre esperan nuestro ánimo

La gastronomía sensacional y variada con especial mención al jak fish, exquisito pez blanco de textura y sabor entre mero y rape, y que en Angasana Velavaru cocinan a la perfección. Y el atún seco con coco, una de los aperitivos más típicos de las Maldivas pudimos probarlo en el Vabbinfaru, en una cena privada en nuestra playa a la luz de la luna, y con las olas de orquesta nocturna.

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En Banyan Tree Vabbinfaru el mar se abre hasta el infinito

Tras cuatro días disfrutando de este Resort donde el aburrimiento se esconde entre palmeras, tomamos de nuevo el hidroavión para volar hasta el Banyan Tree Vabbinfaru. Apenas 4 hectáreas de isla con villas a la playa. Personalmente prefiero esta opción a las villas al océano, si bien en estas el mar se abre hasta el infinito, sin embargo la actividad es más limitada.

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Cada villa tiene acceso directo a la playa, jardín y patio privado

En las villas de las islas pude disfrutar de las playas, de sus paseos y con las actividades más a mano. Cada villa tiene acceso directo a la playa pero también su jardín y patio privado con piscina en el caso del Velavaru o jacuzzi en Banyan Tree.

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La pequeña embarcación que nos llevó a ver el atardecer

Y fue aquí, en el Banyan Tree Vabbinfaru donde pude presenciar el que sin duda será el atardecer más bello de mi vida. No creo que nunca sea superado, y eso que para mí los anocheceres tienen una magia especial y los busco allá por donde vaya. Fue nada más llegar al Vabbinfaru.

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Una copa de Champagne y un aperitivo para disfrutar del momento

Una pequeña embarcación de vela latina nos recogía en el pantalán para llevarnos al sol poniente. Una copa de champagne y un agradecido aperitivo para compartir mano a mano el momento más romántico del viaje.

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Un atardecer único

El sol de pronto se convirtió en un gigantesco globo rojo que no quería marcharse. Y nos dejó admirarle.

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El Sol no quería marcharse

Maldivas, las islas donde se creó el turquesa; allá donde el mar, la arena y el cielo son uno.

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